¿Cómo descubrió Alexander Fleming la penicilina? Un laboratorio desordenado, un moho y una mente preparada

¿Cómo descubrió Alexander Fleming la penicilina? Un laboratorio desordenado, un moho y una mente preparada

En 1928 Fleming vio que un moho había matado bacterias en una placa olvidada. Así nació el primer antibiótico, y así lo terminaron otros.

Alexander Fleming descubrió la penicilina en 1928, cuando volvió de vacaciones a su laboratorio del hospital St Mary's de Londres y vio que un moho había contaminado una de sus placas de cultivo y que las bacterias que lo rodeaban habían muerto. Llamó penicilina a esa sustancia capaz de matar bacterias. Hubo suerte, sí, pero hacía falta un científico que ya buscaba armas contra las infecciones para entender lo que tenía delante, y hizo falta otro equipo, años después, para convertirlo en medicamento.

Un hijo de granjeros escocés

Fleming nació el 6 de agosto de 1881 en una granja cerca de Darvel, en Ayrshire (Escocia). De adolescente se mudó a Londres, trabajó un tiempo en una oficina naviera y, gracias a una pequeña herencia, estudió medicina en la escuela del hospital St Mary's, donde pasó casi toda su carrera en el departamento de investigación.

Lo que le enseñó la Primera Guerra Mundial

Durante la guerra trabajó en hospitales militares en Francia y vio morir a muchísimos soldados por heridas infectadas. Observó algo inquietante: los antisépticos que se usaban en las heridas profundas a menudo empeoraban las cosas, porque dañaban las defensas del propio cuerpo sin llegar a las bacterias del interior. Desde entonces buscó sustancias que mataran bacterias sin dañar al paciente. En 1921–1922 descubrió la lisozima, una enzima antibacteriana presente en fluidos como la mucosidad nasal y las lágrimas.

Septiembre de 1928: la placa famosa

Fleming tenía fama de desordenado. Antes de irse de vacaciones dejó apiladas varias placas con bacterias Staphylococcus. Al volver, revisándolas, vio una contaminada por un moho con una zona limpia a su alrededor donde las bacterias habían desaparecido. Muchos la habrían tirado. Él cultivó el moho, un Penicillium, comprobó que su «jugo» mataba muchas bacterias dañinas y en 1929 llamó penicilina a la sustancia activa y publicó sus resultados.

¿Suerte o mente preparada?

Se suele contar el descubrimiento como un golpe de suerte, y en parte lo fue: la contaminación de la placa fue un accidente. Pero el accidente solo sirvió porque Fleming llevaba más de diez años buscando sustancias antibacterianas naturales. Ya había descubierto la lisozima observando un fenómeno parecido, así que, cuando vio la zona limpia alrededor del moho, sabía exactamente qué preguntas hacerse: qué era aquello, qué bacterias mataba y si dañaba a las células humanas. Esa combinación de casualidad y preparación es una de las lecciones más repetidas de la historia de la ciencia, y también sirve para aprender idiomas: las oportunidades aparecen, pero solo las aprovecha quien ha practicado lo suficiente para reconocerlas.

El problema que nadie resolvía

La penicilina era muy difícil de purificar y producir en cantidad, y además inestable. Fleming no era químico y avanzaba despacio, así que durante los años treinta apenas se le prestó atención.

Florey y Chain terminan el trabajo

El avance llegó en Oxford, donde un equipo dirigido por Howard Florey y Ernst Chain retomó la penicilina hacia 1939–1940: lograron purificarla, la probaron en ratones infectados con resultados espectaculares y trataron a los primeros pacientes. En plena Segunda Guerra Mundial se produjo en masa a tiempo para tratar a los soldados aliados.

Fama, Nobel y una advertencia

Fleming fue nombrado caballero en 1944 y en 1945 compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina con Florey y Chain. El premio compartido cuenta la versión más justa: uno se dio cuenta, un equipo lo hizo funcionar. Además, advirtió muy pronto que el mal uso de la penicilina podía hacer que las bacterias se volvieran resistentes, un problema que hoy preocupa mucho a la medicina. Murió en Londres el 11 de marzo de 1955.

Aprende con Fleming: expresiones en español

Expresión Significado Ejemplo
de pura casualidad por azar Lo encontré de pura casualidad.
darse cuenta de notar algo Se dio cuenta de que algo raro pasaba.
no hay mal que por bien no venga algo malo puede traer algo bueno Se contaminó la placa, pero no hay mal que por bien no venga.
retomar volver a trabajar en algo El equipo de Oxford retomó la investigación.
a gran escala en grandes cantidades La produjeron a gran escala.

Ejercicio: escribe tres frases sobre un error que te enseñó algo útil al aprender un idioma, usando «de pura casualidad» y «no hay mal que por bien no venga».

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