Dos palabras para cada ser vivo: así nos bautizó Carl Linnaeus como Homo sapiens
Carl Linnaeus (1707–1778) dio a cada especie un nombre latino de dos partes, como Homo sapiens, y ordenó la naturaleza en rangos. Vida, método y legado.
Carl Linnaeus (1707–1778), al que en español solemos llamar Linneo, nombró las plantas y los animales con un sistema muy sencillo de dos palabras: la primera indica el grupo al que pertenece la especie, el género, y la segunda señala la especie concreta dentro de ese grupo, como en Homo sapiens para los seres humanos actuales. No inventó cada pieza de la idea, pero fue quien la convirtió en una regla constante a partir de su libro Species Plantarum, de 1753, y por eso se le conoce como el padre de la taxonomía moderna. También ordenó a los seres vivos en una escalera de rangos, de los reinos a las especies, que los biólogos siguen usando hoy con cambios.
Un niño al que calmaba una flor
Linneo nació el 23 de mayo de 1707 en la aldea de Råshult, en la región de Småland, al sur de Suecia. Era el primer hijo de un pastor luterano que además era un jardinero aficionado entusiasta. Su padre le enseñó latín desde muy pequeño, un regalo que después resultaría decisivo. Se cuenta que, cuando el pequeño Carl se enfadaba, le daban una flor y se calmaba al instante, y pronto tuvo su propio trocito de huerto.
Su apellido también esconde una historia lingüística. Muchas familias suecas usaban patronímicos, nombres formados a partir del nombre del padre, en lugar de apellidos fijos. Cuando su padre entró en la universidad necesitó un apellido y eligió Linnæus, de sonido latino, por un enorme tilo, lind en sueco, que crecía en la finca familiar. Así que el hombre que pondría nombre a media naturaleza llevaba él mismo el nombre de un árbol.
La escuela no fue fácil. Carl pasaba más tiempo buscando plantas en el campo que estudiando, y sus profesores le dijeron a su padre que el chico nunca sería un erudito; en algún momento el padre llegó a pensar en ponerlo de aprendiz con un zapatero. Un médico de la zona, Johan Rothman, vio otra cosa: lo acogió en su casa, le enseñó botánica y fisiología y le animó a estudiar medicina. Basta un adulto que crea en un alumno para cambiarle la vida.
Upsala, Laponia y un monstruo falso
Linneo estudió primero en Lund y después en la Universidad de Upsala. Allí, un trabajo suyo sobre la reproducción de las plantas llamó la atención de un profesor veterano, y en 1730, siendo todavía estudiante, le encargaron dar clases; acudían a escucharle unas trescientas personas. Ese invierno empezó a dudar del sistema de clasificación que le habían enseñado y decidió crear el suyo, ordenando las plantas con flor según el número de sus órganos masculinos y femeninos.
En 1732 emprendió un viaje de seis meses y más de 2.000 kilómetros por Laponia, en el extremo norte, a pie y a caballo. Recogió plantas, aves y rocas y describió alrededor de cien plantas desconocidas hasta entonces, que fueron la base de su libro Flora Lapponica. También sentía curiosidad por el pueblo sami, pastores de renos, y por su forma de vida.
En 1735 viajó a la República de los Países Bajos para doctorarse en medicina. Por el camino, en Hamburgo, el alcalde le enseñó con orgullo una hidra disecada de siete cabezas. Linneo vio enseguida que era una falsificación hecha con mandíbulas y patas de comadreja y pieles de serpiente, lo dijo en público, arruinó los planes del alcalde de venderla por una fortuna y tuvo que salir de la ciudad a toda prisa. En los Países Bajos se doctoró en dos semanas, y un científico neerlandés quedó tan impresionado con uno de sus manuscritos que ayudó a pagar su impresión como Systema Naturae en 1735.
El problema de los nombres larguísimos
Para entender por qué Linneo importa, hay que ver cómo eran los nombres antes de él. Los nombres científicos solían ser descripciones breves en latín, no etiquetas. Una planta común se llamaba, más o menos, llantén de hojas ovaladas y vellosas, espiga cilíndrica y tallo redondeado, todo en latín. Cada vez que aparecía una planta parecida, la descripción tenía que alargarse para distinguirlas, y los nombres se volvían pesados y difíciles de recordar.
Botánicos anteriores, sobre todo Caspar Bauhin, ya habían recortado algunos nombres, a menudo a dos palabras. Lo que hizo Linneo en Species Plantarum fue añadir siempre una sola palabra después del nombre del género. Su gran idea fue que un nombre no tenía por qué describir la planta: bastaba con que fuera una etiqueta única. Los nombres podían incluso homenajear a personas; por ejemplo, un grupo de plantas se llamó Tradescantia por el jardinero inglés John Tradescant. Estos nombres cortos eran mucho más fáciles de recordar y usar, y con el tiempo sustituyeron a los largos.
Cómo leer un nombre científico
Un nombre binomial funciona como un apellido y un nombre de pila, solo que en orden inverso. En Homo sapiens, Homo es el género, algo así como el apellido, y sapiens identifica la especie dentro de él. Las dos palabras son latinas: homo significa ser humano u hombre, y sapiens significa sabio. El género se escribe siempre con mayúscula, la segunda palabra con minúscula y el conjunto en cursiva. Algunos de estos nombres ya forman parte del habla diaria, como Tyrannosaurus rex, Aloe vera o E. coli.
La gran ventaja es que el mismo nombre sirve en todos los países. Los nombres comunes cambian de una lengua a otra, pero un científico japonés, uno brasileño y uno sueco saben exactamente de qué planta o animal se habla con su nombre binomial. Para quien aprende idiomas es una sorpresa agradable: hay un rincón del vocabulario que es igual en todo el mundo. Incluso la letra L. que aparece tras muchos nombres de plantas es un pequeño homenaje, porque es la abreviatura habitual que indica que Linneo fue el primero en nombrar esa especie.
Los humanos, entre los animales
Linneo también agrupó a los seres vivos en niveles encajados: los reinos se dividían en clases, las clases en órdenes, los órdenes en géneros y los géneros en especies. Situó a los seres humanos dentro del reino animal, junto a monos y simios, algo que escandalizó a muchos lectores convencidos de que el ser humano había sido creado aparte. En la décima edición de Systema Naturae, de 1758, introdujo los términos Mammalia y Primates y dio a los humanos el nombre completo de Homo sapiens. Esa edición es hoy el punto de partida oficial para nombrar animales, igual que Species Plantarum lo es para las plantas. A Linneo se debe además la difusión de los símbolos de Marte y Venus para macho y hembra, que se convirtieron en los símbolos habituales de sexo.
Profesor, maestro y noble
De vuelta en Suecia, Linneo fue profesor en Upsala y más tarde rector de la universidad. Quizá su obra más importante allí fue enseñar. Animaba a sus alumnos a pensar por sí mismos y a no fiarse ciegamente de nadie, ni siquiera de él, y sus excursiones de los sábados de verano por los alrededores de Upsala eran todavía más populares que sus clases. Llamaba apóstoles a sus diecisiete alumnos más entregados, que recorrieron el mundo recogiendo plantas, animales y minerales y ordenándolos según su sistema.
En 1761 recibió un título nobiliario y adoptó el nombre de Carl von Linné; en su escudo aparecía la linnea, una plantita bautizada Linnaea borealis en su honor. Sus últimos años fueron duros. Varios derrames cerebrales a partir de 1774 lo paralizaron en parte y dañaron su memoria, y murió el 10 de enero de 1778 en su casa de campo de Hammarby.
Un legado de orden, con su sombra
Cuando murió era uno de los científicos más célebres de Europa. Rousseau dijo que no conocía en la tierra a un hombre más grande, y el escritor sueco August Strindberg lo describió como un poeta que por casualidad se hizo naturalista. También se le cuenta entre los fundadores de la ecología moderna.
Su herencia no es del todo cómoda. En Systema Naturae dividió a los seres humanos en cuatro variedades ligadas a los continentes y descritas sobre todo por el color de la piel, y más tarde añadió rasgos de carácter estereotipados. En el siglo XXI esto ha recibido fuertes críticas: algunos lo ven como un precursor del racismo científico, mientras otros sostienen que su esquema era estereotipado pero no colocaba a un grupo por encima de otro. Lo justo es recordar las dos caras: un sistema de nombres que puso orden en la biología y unas categorías sobre las personas que las generaciones siguientes cuestionaron con razón.
Aprende español con Linneo
| Expresión | Significado | Ejemplo |
|---|---|---|
| llamar a las cosas por su nombre | hablar con claridad | Linneo llamaba a cada planta por su nombre. |
| estar en su salsa | sentirse a gusto | En el campo estaba en su salsa. |
| ir al grano | decir lo importante sin rodeos | Sus nombres cortos van al grano. |
| separar el grano de la paja | distinguir lo útil de lo inútil | Su sistema separó el grano de la paja. |
| echar raíces | establecerse en un lugar | Tras volver de Holanda, echó raíces en Upsala. |
Practica: escribe tres frases en español sobre cómo organizas tu vocabulario usando "ir al grano" y "estar en su salsa".