¿Quién fue Diágoras de Rodas? El boxeador que fundó una dinastía olímpica
Diágoras de Rodas fue un boxeador griego cantado por Píndaro que ganó dos veces en Olimpia. Sus hijos y nietos también vencieron: una dinastía olímpica.
Diágoras de Rodas fue un boxeador griego de la ciudad de Ialiso, en la isla de Rodas, que ganó dos veces la corona de boxeo en Olimpia y sumó además cuatro victorias en los Juegos Ístmicos, dos en los Nemeos y al menos una en los Píticos. El poeta Píndaro le dedicó una de sus odas más célebres. Pero si su nombre ha llegado hasta hoy es, sobre todo, porque fundó una auténtica dinastía deportiva: sus tres hijos y dos de sus nietos también fueron campeones olímpicos, y su hija protagoniza una de las historias más audaces sobre las mujeres y los Juegos.
Una familia noble de Rodas
Diágoras pertenecía a los Erátidas, una familia aristocrática de Ialiso. La tradición antigua hacía remontar su linaje a Damageto, rey de Ialiso, y, por parte de madre, a Aristómenes, el legendario héroe y rey de Mesenia. Para un aristócrata griego, un árbol genealógico así no era simple vanidad: la victoria atlética se entendía como prueba de que la sangre de los héroes seguía corriendo por la familia. Y la carrera de Diágoras se leyó exactamente de ese modo.
Así era el boxeo en los Juegos antiguos
El boxeo entró en el programa olímpico en el 688 a. C. Poco tenía que ver con el boxeo moderno. No había cuadrilátero, ni asaltos, ni límite de tiempo, ni categorías de peso; los rivales se emparejaban por sorteo. El combate solo terminaba cuando uno se rendía o no podía seguir. Estaba prohibido agarrar al rival, luchar cuerpo a cuerpo o meter los dedos en los ojos, y los jueces, según parece, hacían cumplir las normas con una vara.
Los boxeadores no llevaban guantes acolchados. Se envolvían las manos con los himantes, correas de cuero de buey enrolladas sobre los nudillos; los autores clásicos las llamaban «blandas», pero los estudiosos modernos dudan mucho de que lo fueran. Sin protección en la cabeza, los púgiles sufrían fracturas, orejas destrozadas y heridas en la cara. Entrenaban en la palestra golpeando sacos rellenos de arena, harina o mijo. Ganar en Olimpia en esas condiciones, y más de una vez, exigía una dureza fuera de lo común.
Campeón de los cuatro grandes juegos
Olimpia era el más prestigioso de los cuatro grandes festivales panhelénicos, junto con los Juegos Píticos, Nemeos e Ístmicos. Diágoras venció en todos ellos: dos veces en Olimpia, cuatro en el Istmo, dos en Nemea y al menos una en los Píticos. El premio olímpico era apenas una corona de olivo, pero la gloria para el atleta y su ciudad era enorme.
La oda de Píndaro
Buena parte de su fama se la debe a Píndaro, el gran poeta de los cantos de victoria. Su Séptima Olímpica celebra los triunfos de Diágoras y los entrelaza con los mitos de Rodas, de modo que el éxito del boxeador pasa a formar parte de la historia sagrada de su isla. El poeta elogia también su carácter: lo presenta como alguien que camina recto por un sendero que rechaza la arrogancia. Es decir, no solo un hombre fuerte, sino un luchador noble.
Hijos y nietos en el podio
Lo que hace único a Diágoras es su familia. Su hijo mayor, Damageto, ganó el pancracio en Olimpia en el 452 y el 448 a. C., y el segundo, Acusilao, ganó el boxeo en el 448 a. C. El menor, Dorieo, aparece descrito como todavía más exitoso que sus hermanos. Dos nietos, Pisírodo y Eucles, también lograron victorias olímpicas. Diágoras se ocupó de que nadie lo olvidara, vinculando a su familia con sus triunfos mediante estatuas y relatos transmitidos de boca en boca.
«Muere, Diágoras»: una leyenda redonda
La anécdota más conocida es una leyenda. Se cuenta que sus hijos vencedores cargaron a su padre a hombros y lo pasearon por el estadio. Entonces un espectador le habría gritado que ya podía morir, porque no le quedaba más altura que alcanzar salvo subir al mismo Olimpo. Es un final perfecto, y precisamente por eso conviene leerlo con cautela. El sentido del relato está claro: para un padre griego no había felicidad mayor que la gloria propia seguida de la gloria de sus hijos.
Calipatira, la hija que desafió la norma
La hija de Diágoras, Calipatira, cuyo nombre significa «la del padre hermoso», tiene su propia historia, contada por el viajero Pausanias. Las mujeres tenían prohibido asistir a los Juegos, salvo la sacerdotisa de Deméter, pero ella se disfrazó de hombre para ver competir a su hijo. La descubrieron y la llevaron ante los helanódicas, los jueces de los Juegos, acusada de sacrilegio. Se defendió diciendo que, si alguna mujer merecía una excepción, era ella, hija, hermana, madre y tía de campeones olímpicos. Los jueces la absolvieron y, según Pausanias, desde entonces se obligó a los entrenadores a desnudarse antes de entrar en el recinto.
Diágoras hoy
En Rodas su nombre está por todas partes: el aeropuerto internacional de la isla se llama Diágoras, igual que un club de fútbol local. Algunos estudiosos creen que él mismo trabajó para ser recordado como un campeón mortal y padre de familia, no sustituido en la tradición por un dios o un héroe. Veinticinco siglos después, parece que lo consiguió.
Aprende con Diágoras: expresiones en español sobre familia y orgullo
| Expresión | Significado | Ejemplo |
|---|---|---|
| de tal palo, tal astilla | los hijos se parecen a los padres | Boxea como su padre: de tal palo, tal astilla. |
| venirle de familia | ser una característica familiar | A Lucía la música le viene de familia. |
| seguir los pasos de alguien | hacer lo mismo que otra persona antes | Quiere seguir los pasos de su abuela. |
| tirar la toalla | rendirse | No tires la toalla, ya casi lo tienes. |
| hacer una excepción | no aplicar una norma en un caso | Esta vez el profesor hizo una excepción. |
Practica: Escribe tres frases en español sobre un talento que «te viene de familia». Usa «de tal palo, tal astilla» en una de ellas.