Rasputín, el hombre que «no podía morir»: ¿qué dice de verdad la autopsia?

Rasputín murió de tres disparos, uno en la frente a quemarropa, en diciembre de 1916. El veneno y el ahogamiento no encajan con la autopsia.

Grigori Rasputín murió de madrugada el 30 de diciembre de 1916 (17 de diciembre según el calendario ruso de la época) en el palacio del príncipe Félix Yusúpov, en Petrogrado, a causa de tres heridas de bala, una de ellas en la frente y disparada a quemarropa. La versión famosa, en la que resiste el cianuro, aguanta varios disparos y acaba ahogado bajo el hielo, procede sobre todo de las memorias de su propio asesino; el cirujano que examinó el cadáver no encontró rastro de veneno ni agua en los pulmones. Para entender por qué una sola muerte generó tanta leyenda hay que ver cómo un campesino siberiano llegó al corazón de la última corte de los zares.

Un campesino de Siberia

Rasputín nació en 1869 en una familia campesina de Pokróvskoye, una aldea junto al río Turá, en Siberia occidental. Tras una peregrinación a un monasterio en 1897 vivió una conversión religiosa. Aunque a menudo se le llama monje, nunca tuvo un cargo oficial en la Iglesia ortodoxa: era más bien un strannik, un peregrino errante, que con el tiempo se ganó fama de starets, de anciano santo.

Hacia 1903–1905 llegó a San Petersburgo y fascinó a varios líderes religiosos y figuras de la alta sociedad. En noviembre de 1905 conoció al zar Nicolás II y a la emperatriz Alejandra.

El heredero que podía morir desangrado

La llave de su poder fue un niño enfermo. Alexis, nacido en 1904, era el único hijo varón y heredero del zar, y había nacido con hemofilia, una enfermedad que impide que la sangre coagule bien. Cualquier golpe podía ser mortal. Desde 1906, más o menos, sus padres desesperados recurrieron a Rasputín como sanador por la fe.

El episodio más célebre ocurrió en 1912 en Spała, en Polonia: tras un viaje en carruaje con muchos baches, el niño sufrió una grave hemorragia interna y parecía a punto de morir. Alejandra hizo enviar un telegrama a Rasputín, que estaba en Siberia. Él contestó que Dios había oído sus oraciones y que «el pequeño no morirá», y poco después la hemorragia se detuvo. Los historiadores aún discuten qué pasó. Algunos autores han sugerido que Rasputín impedía que los médicos dieran aspirina, un analgésico cuyo efecto anticoagulante no se conoció hasta los años cincuenta. Fuera cual fuera la razón, la emperatriz quedó convencida de que aquel hombre era la salvación de su hijo.

¿Santo o farsante?

En la corte y en la prensa, Rasputín dividía a todos. Para unos era un místico y un profeta; para otros, un charlatán religioso con una vida privada escandalosa. Su influencia alcanzó la cima en 1915, cuando Nicolás dejó la capital para dirigir el ejército en la Primera Guerra Mundial. Con el zar ausente, Alejandra y Rasputín cargaron con la culpa de nombramientos y destituciones, y con las derrotas en el frente oriental ambos se volvieron muy impopulares.

En noviembre de 1916, el diputado ultraderechista Vladímir Purishkévich dijo en la Duma que los ministros eran marionetas cuyos hilos movían Rasputín y la emperatriz. Semanas después sería uno de los asesinos. Rasputín ya había sobrevivido a un ataque: en 1914 una mujer llamada Jionia Gúseva lo apuñaló en el vientre ante su casa de Pokróvskoye.

La noche del palacio Moika

Un grupo de nobles encabezado por Purishkévich, el gran duque Dmitri Pávlovich y el príncipe Félix Yusúpov decidió que la influencia de Rasputín sobre la emperatriz ponía en peligro el imperio. En diciembre de 1916 lo atrajeron al palacio Moika, la residencia de los Yusúpov.

Las memorias de Yusúpov parecen un guion de terror. Cuenta que en el sótano le sirvió pasteles y vino de Madeira con cianuro, y que Rasputín comió y bebió sin inmutarse. Entonces fue a por un revólver y le disparó en el pecho. Al volver para comprobar que estaba muerto, Rasputín se habría levantado de un salto, lo habría atacado y perseguido hasta el patio, donde Purishkévich le disparó de nuevo y cayó sobre la nieve. Los conspiradores envolvieron el cuerpo, lo llevaron al puente Petrovski y lo arrojaron al río Málaya Nevka.

Lo que encontró la autopsia

El cadáver se sacó del hielo el 1 de enero, unos 200 metros río abajo. El principal forense de la ciudad, Dmitri Kosorótov, registró tres heridas de bala, una de ellas en la frente a corta distancia, además de otras lesiones que en buena parte consideró posteriores a la muerte. No halló pruebas de envenenamiento. Según los historiadores Douglas Smith y Joseph Fuhrmann, tampoco encontró agua en los pulmones, de modo que la idea de que lo tiraron vivo al río y murió ahogado es falsa.

Hay más grietas en la leyenda. La hija de Rasputín escribió que su padre evitaba los dulces y no habría probado esos pasteles, y un análisis publicado en el centenario del crimen concluyó que los hechos reales fueron mucho menos dramáticos que el relato de Yusúpov. Lo que pasó exactamente esa noche quizá nunca se sepa; lo que sí sabemos es que lo mataron las balas, no el veneno ni el agua.

Por qué ganó la versión del asesino

Yusúpov tenía motivos para presentar a su víctima como un ser casi sobrenatural. Si Rasputín era una criatura demoníaca inmune al veneno, el asesinato dejaba de parecer un crimen de aristócratas y se convertía en un acto desesperado para salvar Rusia. Además, la historia era irresistible, y el cine, las novelas y las canciones la repitieron durante un siglo.

Lo que vino después

Rasputín fue enterrado a comienzos de enero de 1917 en una pequeña iglesia de Tsárskoye Seló, solo ante la familia imperial y algunos íntimos. Semanas más tarde cayó la monarquía. Tras la abdicación de Nicolás en marzo de 1917, unos soldados, por orden de Aleksandr Kérenski, desenterraron el cuerpo y lo quemaron para que la tumba no se convirtiera en lugar de culto de los nostálgicos del antiguo régimen.

El niño al que Rasputín debía proteger no sobrevivió a la revolución: Alexis fue asesinado con sus padres y hermanas en Ekaterimburgo el 17 de julio de 1918. Muchos historiadores creen que la siniestra fama de Rasputín ayudó a desacreditar al gobierno zarista y aceleró la caída de los Románov. Hoy sigue vivo en la cultura popular, desde la canción disco «Rasputin» de Boney M., de 1978, hasta la película animada Anastasia.

Aprende español con Rasputín: expresiones sobre poder y misterio

Expresión Significado Ejemplo
mover los hilos controlar algo en secreto Decían que Rasputín movía los hilos de la corte.
la eminencia gris quien tiene poder sin cargo oficial Lo veían como la eminencia gris del zar.
tener siete vidas como los gatos sobrevivir a todo La leyenda dice que tenía siete vidas como los gatos.
no tragarse algo no creérselo Los historiadores no se tragan la versión de Yusúpov.
envuelto en misterio poco claro, desconocido Su muerte sigue envuelta en misterio.

Prueba esto: Escribe un párrafo corto comparando el relato de Yusúpov con la autopsia, usando «no tragarse algo» y «envuelto en misterio».

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