¿María Antonieta dijo de verdad «que coman pasteles»? Lo que cuentan las fuentes

No hay prueba de que lo dijera: la frase aparece en Rousseau cuando ella tenía nueve años. Quién fue en realidad la reina guillotinada en 1793.

No: no existe ninguna prueba de que María Antonieta pronunciara la famosa frase «que coman pasteles», y hoy los historiadores la consideran un tópico periodístico. El original francés, «Qu'ils mangent de la brioche», aparece en las Confesiones de Jean-Jacques Rousseau, escritas en 1765, cuando la futura reina era una niña de nueve años que vivía en Viena y nunca había pisado Francia. Entonces, ¿por qué una frase que casi seguro nunca dijo se convirtió en lo más conocido de su vida? La respuesta dice mucho de la mujer real y de cómo una revolución fabrica a sus villanos.

El origen de la frase: Rousseau y una «gran princesa»

En el libro sexto de sus Confesiones, Rousseau cuenta que buscaba pan para acompañar un vino que había robado. Como iba demasiado bien vestido para entrar en una panadería corriente, recordó la salida de «una gran princesa» que, al enterarse de que los campesinos no tenían pan, respondió que comieran brioche. Rousseau no dice quién era esa princesa, y como sus Confesiones no se consideran un libro del todo fiable, es posible que inventara la anécdota.

Conviene aclarar un detalle de traducción. La brioche no es un pastel, sino un pan enriquecido con mantequilla y huevo que entonces se consideraba un alimento de lujo. Al pasar al inglés como cake y al español como «pasteles», la frase sonó todavía más frívola de lo que era.

Cuándo se le atribuyó a la reina

Lo más llamativo es la fecha. Los panfletos revolucionarios atacaron a María Antonieta por todos los flancos, pero nunca usaron esta anécdota contra ella. La frase se le atribuyó medio siglo después de su muerte: el escritor Alphonse Karr la relacionó con ella en su revista Les Guêpes en marzo de 1843.

La biógrafa Antonia Fraser recuerda que una historia parecida se contaba cien años antes sobre María Teresa de Austria, la esposa española de Luis XIV, y que las memorias de Luis XVIII la tratan como una vieja leyenda familiar. Fraser añade que María Antonieta daba con generosidad a obras de caridad y se conmovía ante la miseria de los pobres cuando la conocía.

Una archiduquesa austriaca casada por razones de Estado

Nació como María Antonia el 2 de noviembre de 1755 en el palacio de Hofburg, en Viena. Era la decimoquinta hija y la menor de las hijas de la emperatriz María Teresa y del emperador Francisco I. Su boda fue una operación diplomática: en 1770, con catorce años, se casó con Luis Augusto, heredero del trono francés, para reforzar la alianza entre Francia y Austria.

En 1774 su marido subió al trono como Luis XVI y ella se convirtió en reina. Poco después el rey le regaló el Petit Trianon, un pequeño palacio en los jardines de Versalles, que ella decoró a su gusto; enseguida corrió el rumor de que había cubierto las paredes de oro y diamantes. Aquel rumor, como tantos otros, revelaba más el humor del público que la realidad del edificio.

Por qué Francia llegó a odiarla

Para muchos franceses tenía dos defectos de origen: era austriaca y era una mujer con influencia en la corte. Los panfletos satíricos, los libelles, la acusaban de derrochadora, de tener amantes e hijos ilegítimos y de servir en secreto a Austria. Algunas críticas a sus gastos tenían base; muchas otras eran pura invención.

El golpe más duro fue el asunto del collar de diamantes de 1785, en el que un grupo de estafadores, entre ellos el cardenal de Rohan y la llamada condesa de la Motte, engañó a los joyeros de la corona con un collar carísimo. A la reina se la acusó falsamente de participar en el fraude, pero su reputación quedó dañada igualmente. Cuando las finanzas del Estado se hundieron, la apodaron Madame Déficit, como si el vestuario de una sola mujer hubiera vaciado el tesoro.

El pan, un asunto nacional

La frase hiere porque toca el tema más sensible de la Francia de entonces. El pan era la base de la dieta popular y podía llevarse la mitad de los ingresos de una familia trabajadora. Sin embargo, bajo Luis XVI no hubo verdaderas hambrunas, sino dos escaseces graves de pan: la de la primavera de 1775, que desató los disturbios conocidos como la guerra de las harinas, y la de 1788, justo antes de la Revolución. Las cartas que ella escribió a su familia en 1775 muestran compasión por los hambrientos, no desprecio.

La huida, la cárcel y la guillotina

En octubre de 1789 la familia real fue obligada a dejar Versalles y vivió vigilada en el palacio de las Tullerías, en París. En junio de 1791 intentó escapar, pero fue detenida en Varennes y devuelta a la capital, un episodio que destrozó su imagen. Su camarera, Madame Campan, escribió después que el pelo de la reina se volvió blanco en una sola noche, un recuerdo muy gráfico pero difícil de comprobar.

En agosto de 1792 la familia fue encerrada en la prisión del Temple y en septiembre se proclamó la república. Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero de 1793. En julio le arrebataron a su hijo Luis Carlos, y el 1 de agosto la trasladaron a una celda de la Conciergerie como prisionera número 280. En el juicio llegaron a acusarla de incesto con su hijo, una acusación sin ninguna prueba.

Fue condenada por alta traición y guillotinada el 16 de octubre de 1793 en la plaza de la Revolución. Según se cuenta, sus últimas palabras fueron una disculpa al verdugo por haberle pisado el pie sin querer. Su cuerpo acabó en una fosa sin nombre del cementerio de la Madeleine.

Por qué el mito sigue vivo

Un mito sobrevive cuando resulta útil. Para los autores favorables a la Revolución, «que coman pasteles» resumía a toda una clase ciega ante el sufrimiento ajeno. Es breve, cruel y fácil de recordar, y por eso cuesta tanto desmentirla.

La María Antonieta real no fue ni santa ni caricatura. Gastó mucho en moda y diversiones en su juventud, se opuso a reformas que veía como ataques a la monarquía y mantuvo correspondencia con Austria en plena guerra. Pero también fue una adolescente enviada a otro país para sellar una alianza, una madre que luchó por no perder a su hijo y el blanco de una avalancha de escándalos inventados. Si alguien vuelve a citar la frase, la respuesta honesta es esta: probablemente nunca la dijo, pero mucha gente necesitaba que la hubiera dicho.

Aprende español con María Antonieta: expresiones sobre rumores y fama

Expresión Significado Ejemplo
poner palabras en boca de alguien atribuirle algo que no dijo La prensa puso palabras en boca de la reina.
tomar algo con pinzas no creerlo del todo Hay que tomar los chismes de la corte con pinzas.
ser el chivo expiatorio cargar con la culpa de otros Fue el chivo expiatorio de la crisis.
vivir en una burbuja no conocer la vida de la gente común Decían que la corte vivía en una burbuja.
correr como la pólvora difundirse muy rápido El rumor corrió como la pólvora por París.

Prueba esto: Piensa en una cita famosa que siempre has creído. Escribe tres frases en español comprobando si es real, usando «poner palabras en boca de alguien» y «tomar algo con pinzas».

이 인물로 언어 배우기

Explorar por tema