Ana Bolena: de reina a decapitada en tres semanas, ¿qué pasó de verdad?

Ana Bolena fue ejecutada en 1536 por adulterio, incesto y traición, cargos que hoy casi nadie cree. Así cayó la reina que separó a Inglaterra de Roma.

A Ana Bolena la ejecutaron el 19 de mayo de 1536 tras condenarla por adulterio, incesto con su hermano George y conspirar para matar al rey, unas acusaciones que la mayoría de los historiadores pone hoy en duda. El trasfondo era otro: en tres años de matrimonio había dado a Enrique VIII una hija, Isabel, pero ningún hijo varón; en enero de 1536 perdió un embarazo de un niño, y en marzo el rey ya cortejaba a Juana Seymour. En menos de tres semanas pasó de reina a prisionera y de prisionera a una tumba sin nombre, apenas tres años después de que Enrique rompiera con Roma para casarse con ella.

¿Quién era Ana Bolena?

Ana era hija de Thomas Bolena, más tarde conde de Wiltshire, y de Elizabeth Howard, de la poderosa familia Howard. No se sabe con certeza cuándo nació: unos historiadores proponen hacia 1501 y otros hacia 1507, y el debate gira en parte en torno a una sola carta que escribió en francés a su padre en 1514.

A diferencia de la mayoría de las jóvenes inglesas de su época, se educó en el extranjero. En 1513 entró en el aula de Margarita de Austria en Malinas, en los Países Bajos, y después pasó casi siete años en Francia como dama de honor de la reina Claudia. Allí perfeccionó el francés y se aficionó a la música, la poesía, la moda, el arte y las ideas religiosas reformistas. Al volver a Inglaterra en 1522 destacaba en la corte por su elegancia y su ingenio. Sus contemporáneos la describían como inteligente y dotada para la música, pero también orgullosa y de carácter fuerte.

La mujer que le dijo que no al rey

Enrique VIII empezó a cortejarla en 1526. Su hermana mayor, María, ya había sido amante del rey, y Ana se negó a seguir el mismo camino. A menudo se retiraba de la corte al castillo familiar de Hever. En aproximadamente un año, Enrique le propuso matrimonio y ella aceptó. Los dos creían que la anulación del matrimonio con Catalina de Aragón llegaría en pocos meses.

Tardó seis años. El papa Clemente VII no concedió la anulación, así que Enrique y sus consejeros, entre ellos Thomas Cromwell, empezaron a desmontar el poder de la Iglesia en Inglaterra. Ana y Enrique se casaron en secreto el 14 de noviembre de 1532 y de forma oficial el 25 de enero de 1533. El arzobispo Cranmer declaró nulo el primer matrimonio y válido el segundo, y el Papa excomulgó a Enrique. Ana fue coronada el 1 de junio de 1533.

Ana no fue solo un capricho romántico. Promovió biblias en francés y en inglés, protegió a estudiosos que traducían las Escrituras al inglés y, según un relato posterior, hizo llegar al rey panfletos reformistas, aunque en muchos aspectos siguió siendo católica.

Una hija en lugar de un hijo

El 7 de septiembre de 1533 nació una niña, la futura Isabel I. A las cartas preparadas para anunciar el nacimiento de un príncipe se les añadió a toda prisa una «s» para que dijeran «princess», y se canceló el torneo previsto para celebrar un heredero varón. Enrique decía querer a la niña y esperaba que después llegara un hijo.

No llegó. El 29 de enero de 1536, el mismo día en que enterraban a Catalina de Aragón, Ana perdió un bebé que, según el embajador imperial Eustace Chapuys, «parecía ser un varón». Chapuys escribió que había perdido «a su salvador», y para él aquel aborto fue el principio del fin.

De reina al cadalso

En abril de 1536 Enrique ordenó investigar a Ana por alta traición. A finales de ese mes arrestaron a Mark Smeaton, un músico flamenco a su servicio, que primero negó ser amante de la reina y luego confesó, quizá bajo tortura o a cambio de una promesa de libertad. El cortesano Henry Norris fue detenido el 1 de mayo; lo negó todo y juró que Ana era inocente. Después cayeron Francis Weston, William Brereton y el propio hermano de Ana.

Ana fue arrestada el 2 de mayo y llevada a la Torre de Londres. La juzgó un jurado en el que estaban su antiguo pretendiente Henry Percy y su propio tío, el duque de Norfolk, y la condenaron el 15 de mayo. Aunque las pruebas no convencían, todos los acusados fueron declarados culpables, y el 17 de mayo Cranmer anuló el matrimonio: a efectos legales, Ana nunca había sido esposa de Enrique.

La ejecución

Enrique cambió la pena de la hoguera por la decapitación y, en lugar del hacha común, hizo traer a un experto espadachín de Saint-Omer, en Francia. El condestable de la Torre, William Kingston, contó que parecía preparada para morir y dejó escrita su frase más célebre: había oído que el verdugo era muy bueno, y ella tenía «un cuello pequeño». Antes del amanecer juró sobre el sacramento que nunca había sido infiel al rey.

En el cadalso no atacó a Enrique; pidió a la multitud que rezara por el rey, en quien, dijo, siempre había encontrado bondad. Se cree que lo hizo para proteger a Isabel y a su familia. Fue enterrada sin lápida en la capilla de San Pedro ad Vincula, dentro de la Torre. En 1876, durante unas obras, se identificaron unos huesos como suyos, y hoy su tumba está señalada en el suelo de la capilla.

Mitos: seis dedos y un fantasma

La idea de que Ana tenía seis dedos en una mano la difundió en 1585 Nicholas Sanders, un escritor católico enemigo de su hija Isabel. Cuando se examinaron los restos en 1876 no se encontró ninguna anomalía. También hay quien asegura haber visto su fantasma en el castillo de Hever o en la Torre de Londres, pero eso pertenece a la leyenda, no a la historia.

Por qué sigue importando

Cuando Isabel llegó al trono en 1558, la memoria de Ana fue rehabilitada y llegó a venerarse como mártir y heroína de la Reforma inglesa. Se la ha llamado «la reina consorte más influyente e importante que ha tenido Inglaterra», porque su matrimonio dio a Enrique la ocasión de declarar la independencia de la Iglesia inglesa. La mujer a la que el rey ejecutó por no darle un hijo es recordada como la madre de una de las grandes soberanas de Inglaterra.

Aprende español con Ana Bolena: expresiones sobre ascenso y caída

Expresión Significado Ejemplo
hacerse de rogar no aceptar enseguida Ana se hizo de rogar durante años.
caer en picado empeorar muy rápido Su situación cayó en picado en 1536.
acusaciones infundadas cargos sin pruebas Muchos ven acusaciones infundadas.
limpiar el nombre demostrar la inocencia de alguien Escritores posteriores quisieron limpiar su nombre.
no perder la cabeza mantener la calma Ana no perdió la cabeza… hasta el final.

Practica: Escribe tres frases en español sobre los últimos días de Ana usando «caer en picado» y «acusaciones infundadas». Luego explica por qué «no perder la cabeza» es aquí un chiste negro.

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