¿Por qué quemaron a Juana de Arco? La adolescente que cambió una guerra
Juana de Arco dirigió tropas francesas con unos 17 años y murió en la hoguera en 1431 por herejía reincidente. Su ascenso, su juicio y su legado.
A Juana de Arco la quemaron en la hoguera en Ruan el 30 de mayo de 1431 porque un tribunal eclesiástico favorable a los ingleses la condenó como «hereje reincidente»: había firmado una renuncia a sus visiones y a la ropa de hombre, y pocos días después volvió a ambas cosas. Tenía unos diecinueve años. Detrás del lenguaje jurídico había una razón política muy clara: Juana había ayudado a dar la vuelta a la Guerra de los Cien Años, y sus enemigos necesitaban demostrar que sus victorias no venían de Dios.
Veamos cómo una chica de pueblo acabó al frente de ejércitos, llevó a un rey a su coronación y protagonizó uno de los juicios más famosos de la historia.
Un país en guerra consigo mismo
Juana nació hacia 1412 en Domrémy, en el noreste de Francia, hija de Jacques d'Arc e Isabelle Romée; no se conoce la fecha exacta. Creció en una Francia que no solo luchaba contra Inglaterra, sino que también se desangraba en una guerra civil entre armañacs y borgoñones.
En 1419, partidarios del delfín, el heredero del trono, asesinaron al duque de Borgoña, y su hijo Felipe el Bueno se alió con los ingleses. Después, el Tratado de Troyes casó a la hija del rey francés con Enrique V de Inglaterra y dejó al delfín prácticamente desheredado. A finales de la década de 1420, el futuro Carlos VII era un rey sin coronar.
Las voces
Hacia 1425, con unos trece años, Juana contó que se le había aparecido san Miguel rodeado de ángeles; más tarde habló también de santa Catalina y santa Margarita. El mensaje, según ella, era que debía ayudar al delfín y expulsar a los ingleses.
Durante siglos se ha discutido qué eran esas voces. Lo indiscutible es su efecto: dieron a una campesina una seguridad que los adultos encontraban absurda o irresistible.
Convencer al rey
En mayo de 1428 pidió a Robert de Baudricourt, capitán de Vaucouleurs, una escolta para ir a la corte de Chinon. Él se negó. Volvió en enero de 1429 y se negó otra vez. A la tercera, en febrero de 1429, cedió y la envió con seis soldados; desde entonces vistió ropa de hombre.
Conoció a Carlos en Chinon. La corte no se fio sin más: unos teólogos la examinaron en Poitiers y concluyeron que era buena católica, y después recibió armadura, espada y un estandarte que ella misma diseñó.
Orleans: nueve días que lo cambiaron todo
Orleans llevaba meses sitiada por los ingleses. Juana llegó el 29 de abril de 1429. Entre el 4 y el 7 de mayo los franceses atacaron varios fuertes ingleses; el 7 de mayo una flecha la hirió entre el cuello y el hombro, y el 8 de mayo los ingleses levantaron el asedio.
Los historiadores aún discuten cuánto de la estrategia era suyo y cuánto de los capitanes veteranos. Pero la moral cuenta en una guerra, y su presencia en primera línea, con el estandarte en la mano, importó. Siglos después la llamarían «la Doncella de Orleans»; ella firmaba sus cartas como Jeanne la Pucelle, «Juana la Doncella».
Una coronación en Reims
Tras varias victorias en el Loira, incluida la batalla de Patay del 18 de junio, Juana insistió en algo simbólico: coronar al rey en Reims, donde tradicionalmente se consagraba a los reyes de Francia. El 17 de julio de 1429 Carlos VII fue consagrado allí, con Juana en un lugar de honor.
Derrota y captura
Después llegó el declive: fracasó el ataque a París en septiembre de 1429 y también el asedio de La Charité, y la corte perdió confianza en ella. El 23 de mayo de 1430, cerca de Compiègne, la capturaron tropas borgoñonas, que en noviembre la entregaron a los ingleses a cambio de 10.000 francos.
El juicio de Ruan
Los ingleses no la ejecutaron como prisionera de guerra: la juzgó por herejía un tribunal eclesiástico presidido por el obispo Pierre Cauchon, partidario de Inglaterra. Una condena por herejía convertía sus voces en falsas y, de paso, manchaba al rey que ella había ayudado a coronar.
Los jueces intentaron tenderle trampas. Le preguntaron si sabía que estaba en gracia de Dios, una pregunta sin respuesta segura: decir «sí» sonaba soberbio y decir «no», una confesión. Ella respondió que, si no lo estaba, pedía a Dios que la pusiera en ella, y si lo estaba, que Dios la mantuviera. La acusación reunió 70 artículos, resumidos después en 12.
Por qué acabó en la hoguera
El 24 de mayo de 1431, junto a la iglesia de Saint-Ouen, la amenazaron con quemarla en el acto si no renunciaba a sus visiones y a la ropa de soldado. Aceptó y firmó. Hacia el 28 de mayo volvió a vestirse de hombre y dijo que había oído de nuevo sus voces. Eso la convertía en reincidente, y el 30 de mayo murió en la hoguera en la plaza del Mercado Viejo de Ruan.
Veinticinco años después, un nuevo proceso pedido por Carlos VII declaró nula la sentencia por parcial y por no haber seguido el procedimiento correcto. Fue canonizada el 16 de mayo de 1920 y es una de las patronas de Francia.
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