Un espejo, una infanta y un pintor que nos mira: el enigma de Las Meninas

Las Meninas muestra a la infanta Margarita, de cinco años, con sus damas en el taller de Velázquez; el pintor y los reyes del espejo nos miran.

En Las Meninas aparecen la infanta Margarita Teresa, de cinco años, rodeada de sus damas de honor, una dueña, un guardadamas, dos enanos y un perro, y a la izquierda el propio Diego Velázquez, pincel en mano, mirando hacia fuera del cuadro. Al fondo, un espejo refleja a los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, como si estuvieran justo donde nos encontramos nosotros. En total son nueve figuras, once si contamos a los reyes reflejados. La escena parece una instantánea de la vida en palacio, pero nadie sabe con certeza qué está ocurriendo, y precisamente por eso es una de las obras más analizadas de toda la pintura occidental.

Quién es quién

En el centro está la infanta Margarita, que entonces era la única hija viva de Felipe y Mariana y que años después se casaría con el emperador Leopoldo I. A un lado, doña María Agustina Sarmiento se arrodilla y le ofrece agua en un búcaro rojo sobre una bandeja dorada. Al otro, doña Isabel de Velasco está a punto de hacer una reverencia. Ellas son las «meninas», palabra de origen portugués para las jóvenes damas de compañía.

A la derecha están Mari Bárbola, enana de origen austriaco, y el italiano Nicolás Pertusato, que pone el pie sobre un mastín adormilado como si quisiera despertarlo. Detrás, doña Marcela de Ulloa, vestida de luto, conversa con un guardadamas. En la puerta del fondo, a contraluz, don José Nieto Velázquez, aposentador de la reina, se detiene en unos escalones; una crítica señaló que no sabemos si entra o si sale.

Velázquez, de Sevilla a la corte

Diego Velázquez nació en Sevilla en 1599 y murió en 1660. Fue el pintor principal de la corte de Felipe IV y una figura central del Siglo de Oro, y hoy se le considera uno de los grandes artistas de la historia del arte occidental. De joven se formó en el taller del pintor sevillano Francisco Pacheco, con cuya hija, Juana, se casó en 1618. Sus primeras obras fueron bodegones, como la Vieja friendo huevos, que ya mostraban una habilidad asombrosa para pintar lo real.

En la década de 1620 se instaló en Madrid y entró al servicio del rey. Con los años no solo pintó retratos: también se ocupó de la colección real, decidiendo dónde colgar los cuadros y ayudando a reunir obras de Tiziano, Rafael y Rubens que hoy están en el Prado. En 1651 fue nombrado aposentador mayor de palacio, un cargo de prestigio que le quitaba tanto tiempo que en sus últimos años pintó muy pocas obras.

Un taller dentro del Alcázar

La escena transcurre en el propio taller de Velázquez, en el Alcázar de Madrid. El rey le había cedido una gran sala que había pertenecido a su difunto hijo, el príncipe Baltasar Carlos, y Felipe tenía allí su propia silla para sentarse a ver trabajar al pintor. En la España del siglo XVII la pintura se veía más como un oficio que como un arte noble, así que esa cercanía era poco común. Cuando Velázquez murió, el rey anotó al margen de un documento sobre su sucesor que se sentía destrozado (en inglés suele citarse como «I am crushed»).

El espejo y el misterio

El detalle más discutido es el espejo. La lectura más extendida dice que refleja a los reyes mientras posan para un retrato doble, de modo que todo el cuadro muestra la escena tal como ellos la ven, con su hija que ha venido a hacerles compañía. Otros estudiosos, como H. W. Janson y Joel Snyder, creen que el espejo refleja en realidad el lienzo que pinta Velázquez, cuya cara no podemos ver.

El historiador Ernst Gombrich imaginó una historia sencilla: quizá llevaron a la infanta para aliviar el aburrimiento de una larga sesión de pose, y el rey o la reina comentaron que aquello merecía un cuadro. Kenneth Clark, en cambio, imaginó a una niña de cinco años harta de posar mientras sus damas intentan convencerla. Ninguna teoría ha convencido a todos. Es probable que Velázquez conociera el Retrato de Arnolfini de Jan van Eyck, que colgaba en el palacio de Felipe y también tiene al fondo un espejo con figuras situadas donde estaría el espectador.

Cómo mirarlo: detalles en los que fijarse

Primero, cuenta las miradas. De las nueve figuras, cinco miran directamente hacia fuera, hacia los reyes o hacia nosotros. Delante del cuadro uno se siente observado y, al mismo tiempo, invitado a entrar en la sala.

Después, sigue la luz. Entra por las ventanas de la derecha y por la puerta abierta del fondo. La infanta recibe la luz de lleno; su pelo claro y su falda ancha la convierten en la forma más luminosa de la habitación, mientras los demás quedan en parte en sombra. Fíjate también en que todas las personas ocupan solo la mitad inferior del lienzo. La mitad superior, oscura, con filas de cuadros y el techo, da profundidad a la sala, y las líneas de las paredes y del techo se juntan cerca del hombre de la puerta, el punto de fuga de la perspectiva.

Por último, mira el pecho del pintor. Lleva la cruz roja de la Orden de Santiago, que no recibió hasta 1659, tres años después de terminar la obra. Según el biógrafo Antonio Palomino, el rey mandó añadirla tras la muerte de Velázquez, y hubo quien dijo que la pintó el propio Felipe.

Incendio, restauración y polémica

El lienzo fue recortado por ambos lados y sufrió daños en el incendio de 1734 que destruyó el Alcázar; la mejilla izquierda de la infanta tuvo que repintarse casi por completo. En los primeros inventarios se llamaba simplemente «La Familia», y el título Las Meninas no apareció hasta el catálogo del Prado de 1843. Cuando el restaurador británico John Brealey lo limpió en 1984, la prensa española lo criticó con dureza e incluso hubo un pequeño alboroto ante la sala donde trabajaba, aunque los expertos juzgaron después que la restauración había sido impecable.

Dónde verlo hoy

Las Meninas está en el Museo del Prado de Madrid, al que llegó cuando se fundó el museo en 1819. Por su tamaño, su importancia y su valor, nunca se presta a otras exposiciones, así que para verlo hay que ir a Madrid.

Un cuadro sobre la pintura

El pintor italiano Luca Giordano lo llamó la «teología de la pintura», y en 1827 sir Thomas Lawrence dijo que era «la verdadera filosofía del arte». Goya lo grabó en 1778 y después lo tomó como modelo para su retrato de la familia de Carlos IV. Entre agosto y diciembre de 1957, Picasso pintó 58 variaciones sobre la obra, que hoy llenan una sala del Museu Picasso de Barcelona. Michel Foucault abrió su libro Las palabras y las cosas con un largo análisis del cuadro, y Édouard Manet llamó a Velázquez «el pintor de los pintores». Todos vieron lo mismo: una pintura que nos pregunta dónde estamos, quién mira a quién y qué es, en el fondo, un cuadro.

Aprende con Las Meninas: expresiones en español

Expresión Significado Ejemplo
mirar de frente mirar directamente a alguien El pintor nos mira de frente.
al fondo en la parte de atrás de un lugar Al fondo hay un espejo.
a contraluz con la luz detrás de la figura El hombre de la puerta está a contraluz.
llamar la atención atraer las miradas La infanta llama la atención por su luz.
seguir en el aire no tener todavía una respuesta El sentido del espejo sigue en el aire.

Practica: Describe una foto de grupo en tres frases usando «al fondo» y «llamar la atención».

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