¿Cómo nació Alicia en el País de las Maravillas? Un paseo en barca, un matemático y una niña que pidió un cuento
Alicia nació de un cuento improvisado en un paseo en barca en 1862. Te contamos cómo un matemático de Oxford lo convirtió en un libro traducido a 174 idiomas.
Alicia en el País de las Maravillas nació el 4 de julio de 1862, durante un paseo en barca por el río Isis, en Oxford. Charles Lutwidge Dodgson y su amigo Robinson Duckworth remaban río arriba, desde Folly Bridge hasta Godstow, con tres hermanas, Lorina, Alice y Edith Liddell, y Dodgson les fue inventando por el camino la historia de una niña que cae por una madriguera de conejo. Aquel cuento improvisado se convirtió primero en un manuscrito ilustrado a mano, regalado a la pequeña Alice, y después en el libro publicado por Macmillan en noviembre de 1865 con el seudónimo de Lewis Carroll. Hoy está traducido a 174 idiomas y nunca ha dejado de imprimirse.
Un matemático de Oxford con dos nombres
Detrás de Lewis Carroll había un profesor de matemáticas del Christ Church, uno de los colegios de la Universidad de Oxford: Charles Lutwidge Dodgson. La doble identidad ya dice mucho del libro. Por un lado, un hombre de lógica, acostumbrado a las definiciones precisas y a los razonamientos impecables. Por otro, un narrador capaz de inventar un mundo donde la lógica se pone patas arriba. Alicia no es un libro sin reglas: es un libro que juega con las reglas, que las lleva hasta el absurdo para que nos riamos de ellas. Por eso se considera un ejemplo clásico de la llamada «literatura del sinsentido» (literary nonsense).
La tarde del 4 de julio de 1862
La escena es casi perfecta para una leyenda: una tarde de verano, una barca, dos jóvenes remando y tres niñas que piden un cuento. Dodgson y Duckworth llevaron a las hermanas Liddell río arriba, y durante el trayecto Dodgson contó la historia que más tarde se llamaría Alice's Adventures Under Ground, «Las aventuras de Alicia bajo tierra». La protagonista llevaba el nombre de una de sus oyentes, Alice Liddell, y eso explica en parte el encanto del relato: estaba hecho a la medida de una niña concreta, que podía reírse al reconocerse en la historia.
Lo importante es que el cuento no se quedó en el aire: Dodgson acabó poniéndolo por escrito, con dibujos suyos.
Un manuscrito como regalo
El 26 de noviembre de 1864, Dodgson le regaló a Alice Liddell el manuscrito, escrito y dibujado por él mismo. Era un objeto íntimo, pensado para una sola lectora. Con los años se convirtió en un tesoro: en 1928 se vendió en Sotheby's por 15.400 libras, y hoy lo conserva la British Library. Es curioso pensar que uno de los libros más leídos del mundo empezó como un regalo personal, sin ninguna intención de llegar al gran público.
Tenniel y la primera edición que nunca salió
Para publicar el libro, Carroll trabajó con el ilustrador John Tenniel, que hizo 42 grabados en madera para la edición de 1865. Muchas de las imágenes que tenemos en la cabeza (el Conejo Blanco con su reloj, el Sombrerero, la Reina de Corazones) vienen de esos dibujos.
Pero hubo un tropiezo. Se imprimieron unos 2.000 ejemplares de la primera tirada, y Tenniel se quejó de la mala calidad de la impresión. Carroll le hizo caso: pidió a Macmillan que detuviera la publicación y pagó de su bolsillo una nueva impresión, que le costó 600 libras. Para un profesor universitario era mucho dinero. Que lo hiciera dice bastante de lo en serio que se tomaba un libro «para niños».
¿Qué pasa en el libro?
Alicia se aburre en la orilla del río cuando ve pasar a un Conejo Blanco con chaleco y reloj. Lo sigue, cae por una madriguera larguísima y llega a un mundo donde nada funciona como debería. Allí encuentra una botellita con la etiqueta «Bébeme» (Drink me) que la hace encoger, y otros alimentos que la hacen crecer hasta no caber en la habitación.
Por el camino se cruza con personajes inolvidables: una Oruga que le hace preguntas incómodas, el Gato de Cheshire, con su sonrisa inquietante, y el Sombrerero Loco, anfitrión de una merienda disparatada. Después llega al jardín de la Reina de Corazones, que juega al cróquet y ordena cortar cabezas a cada momento, y la historia termina con un juicio absurdo contra la Sota de Corazones.
El argumento, en realidad, es lo de menos. Lo que importa son los diálogos: cada personaje discute con Alicia, cambia el significado de las palabras o le responde con una lógica que parece correcta y no lo es.
Parodias que los niños de 1865 reconocían
Una parte del humor del libro se pierde para los lectores de hoy. Muchos de los poemas que recita Alicia son parodias de poemas morales que los niños victorianos aprendían de memoria. «How Doth the Little Crocodile», por ejemplo, se burla de un poema moral de Isaac Watts, y «You Are Old, Father William» parodia un poema de Robert Southey.
Imagina a un niño de entonces: había tenido que recitar en clase versos muy serios sobre el trabajo o la buena conducta, y de pronto los encuentra convertidos en un disparate protagonizado por un cocodrilo. La risa venía de reconocer el original. Para el lector actual, saber esto cambia la lectura: Alicia no solo se pierde en un mundo extraño, sino que se le «estropean» las lecciones que había aprendido en la escuela.
Un desafío para los traductores
Que el libro esté en 174 idiomas tiene mucho mérito, porque Alicia está lleno de juegos de palabras en inglés que no tienen equivalente directo. Cuando un personaje confunde una palabra con otra que suena igual, el traductor tiene que elegir: traducir el sentido y perder el chiste, o inventar un chiste nuevo en su idioma y alejarse del original. Por eso las traducciones al español varían tanto entre sí, y por eso comparar dos versiones es un ejercicio fascinante para quien estudia idiomas. Puedes leer un capítulo en español, luego en inglés, y anotar dónde el traductor tuvo que «hacer magia».
Después de Alicia: el espejo y la fama
El éxito animó a Carroll a escribir una continuación, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, publicada en 1871. La fascinación por la historia cruzó generaciones y disciplinas. En 1946, Walt Disney escribió en la revista The American Weekly que ninguna historia de la literatura inglesa le había intrigado tanto como esta. Más de siglo y medio después, el Conejo Blanco, el Gato de Cheshire y el Sombrerero siguen siendo reconocibles en cualquier parte del mundo.
Aprende con Alicia: expresiones en español
| Expresión | Significado | Ejemplo |
|---|---|---|
| patas arriba | completamente desordenado | En el País de las Maravillas todo está patas arriba. |
| no tener pies ni cabeza | no tener sentido | La merienda del Sombrerero no tiene pies ni cabeza. |
| quedarse de piedra | sorprenderse mucho | Alicia se quedó de piedra al ver al gato sonriente. |
| perder el hilo | no poder seguir una conversación | Con tantas preguntas, Alicia perdió el hilo. |
| a su medida | hecho especialmente para alguien | El cuento estaba hecho a su medida. |
| de su bolsillo | con su propio dinero | Carroll pagó la reimpresión de su bolsillo. |
Ejercicio: describe en tres frases un sueño raro que hayas tenido, usando «patas arriba», «no tener pies ni cabeza» y «quedarse de piedra».