Charles Dickens, el niño de la fábrica de betún que conquistó Inglaterra por entregas
Charles Dickens (1812–1870) fue un novelista inglés célebre por sus personajes, sus novelas por entregas con suspenso y su denuncia de la pobreza.
Charles Dickens (1812–1870) fue un escritor y periodista inglés, considerado por muchos el mayor novelista de la época victoriana. Es famoso por tres motivos: creó personajes tan vivos que sus nombres se convirtieron en palabras comunes del inglés, convirtió la novela en una cita mensual o semanal que la gente esperaba con ansia y utilizó sus historias para obligar a los lectores acomodados a mirar de frente la pobreza, el trabajo infantil y las instituciones crueles. Sus libros tuvieron un éxito enorme en vida y nunca han dejado de imprimirse. Si alguna vez has oído llamar «scrooge» a una persona tacaña, ya conoces un pedacito de su legado.
Una infancia que lo marcó para siempre
Dickens nació el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth, segundo de ocho hijos. Su padre, John, trabajaba como empleado en la oficina de pagos de la Marina Real, y la familia se mudó varias veces hasta instalarse en Chatham, en el condado de Kent. Allí el pequeño Charles leía todo lo que caía en sus manos, desde Robinson Crusoe hasta Las mil y una noches. Aquella etapa feliz terminó de golpe: la familia se endeudó y, en 1824, John Dickens fue encarcelado en la prisión para deudores de Marshalsea, en Londres.
Con solo doce años, Charles tuvo que dejar la escuela y trabajar diez horas al día en el almacén de betún Warren, pegando etiquetas en tarros de betún para botas a cambio de seis chelines por semana. La herida fue profunda. Años después se preguntaba cómo pudieron abandonarlo «tan fácilmente a esa edad», y la indignación por el trato que recibían los pobres se convirtió en uno de los motores de su obra. Durante casi toda su vida le avergonzó este episodio; muy pocas personas lo conocieron hasta que su amigo John Forster publicó una biografía tras su muerte.
Cuando una herencia permitió que su padre saliera de la cárcel, Charles volvió a estudiar unos dos años. Después fue pasante en un despacho de abogados, aprendió taquigrafía por su cuenta y trabajó como reportero de tribunales y, más tarde, como periodista parlamentario. De esos años sacó dos herramientas que se notan en cada página: un oído finísimo para la forma real de hablar de la gente y una visión muy cercana de lo lento y absurdo que podía ser el sistema judicial.
De «Boz» a Pickwick
Dickens empezó escribiendo breves estampas de la vida londinense para periódicos y revistas, firmadas como «Boz», un apodo familiar. En 1836 se reunieron en el libro Sketches by Boz. Ese mismo año, una editorial le pidió textos para acompañar una serie de ilustraciones cómicas, y así nació Los papeles póstumos del Club Pickwick. Las primeras entregas se vendieron poco, pero cuando apareció en el cuarto episodio Sam Weller, un criado londinense ingenioso y descarado, las ventas se dispararon: la última entrega vendió 40.000 ejemplares y pronto hubo cigarros, naipes y figuritas de Pickwick. Con veinticuatro años, Dickens era ya una celebridad.
Después llegó Oliver Twist (1838), la historia de un huérfano arrastrado a una banda de carteristas londinenses, considerada la primera novela victoriana protagonizada por un niño. Incluso la joven reina Victoria la leyó y se quedó despierta hasta medianoche comentándola.
Cómo escribía: entregas y finales en suspenso
La mayoría de sus grandes novelas no se publicaron primero como libros completos, sino en fascículos mensuales o semanales, ya fuera en cuadernillos baratos o en revistas, y solo después se reunieron en volúmenes. Así, las historias quedaban al alcance de personas que jamás habrían podido pagar una novela entera. El formato también cambió la manera de contar: cada entrega necesitaba un final que hiciera volver al lector. Cuando se publicaba La tienda de antigüedades, según se cuenta, lectores estadounidenses esperaban en los muelles de Nueva York y gritaban a la tripulación de un barco británico: «¿Ha muerto la pequeña Nell?».
Escribir por entregas le permitía además observar la reacción del público y corregir el rumbo. En un caso conocido, una mujer real se reconoció en un personaje de David Copperfield y se sintió herida, así que Dickens le dio a ese personaje rasgos más positivos en las entregas siguientes. Muchos pobres que apenas sabían leer pagaban medio penique para que alguien les leyera en voz alta el nuevo episodio, y así nació un público lector completamente nuevo. Hoy hay críticos que ven el ADN de esta narración episódica en las series de televisión y las telenovelas.
Durante veinte años, Dickens dirigió también sus propias revistas semanales, Household Words y después All the Year Round. Grandes esperanzas, por ejemplo, apareció por primera vez en All the Year Round entre diciembre de 1860 y agosto de 1861, antes de publicarse en tres volúmenes.
Sus obras principales de un vistazo
- Cuento de Navidad (1843): la breve historia de fantasmas de Ebenezer Scrooge. Contribuyó mucho a renovar la Navidad familiar y generosa en Gran Bretaña y Estados Unidos, y sigue siendo su relato más conocido.
- David Copperfield (1849–1850): su novela más autobiográfica y, según él mismo, su favorita.
- Casa desolada (1852–1853): una sátira de los pleitos interminables, a la que se atribuye haber llevado al género la niebla de un Londres sombrío.
- Tiempos difíciles (1854): su única novela larga sobre la clase obrera industrial, donde los dueños de las fábricas llaman «Manos» a los trabajadores.
- Historia de dos ciudades (1859): ficción histórica entre Londres y París que empieza con «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos».
- Grandes esperanzas (1860–1861): la novela de formación del huérfano Pip, con la abandonada señorita Havisham y el presidiario Magwitch; trata de la riqueza y la pobreza, el amor y el rechazo.
Estilo: caricatura, humor y el propio Londres
La prosa de Dickens rebosa energía e inventiva. La sátira y la caricatura son sus armas favoritas, y trabajaba mucho los nombres para que fueran memorables y significativos: el señor Murdstone de David Copperfield sugiere a la vez «murder» (asesinato) y «stone» (piedra). Muchos personajes acabaron siendo palabras del idioma: un «scrooge» es un avaro, «Pickwickian» y «Pecksniffian» entraron en los diccionarios y un «Uriah Heep» es un adulador. También le encantaba reproducir el habla cockney de los trabajadores londinenses, con formas como ain't y sonidos que se comen, para contrastarla con un inglés más «correcto».
Londres es casi un personaje más. Dickens recorría la ciudad a pie sin descanso, a menudo una docena de millas al día, y llegó a escribir que, si no pudiera caminar rápido y lejos, simplemente «explotaría y moriría». A ese realismo le sumaba toques góticos y grandes escenas sentimentales. No a todos les gustaba: Oscar Wilde bromeó con que había que tener el corazón de piedra para leer la muerte de la pequeña Nell sin deshacerse en lágrimas… de risa.
Un escritor con misión social
Dickens fue un crítico feroz de la pobreza y la desigualdad de la sociedad victoriana. Desde el periodismo hizo campaña sobre el saneamiento y los asilos para pobres, y sus novelas probablemente hicieron todavía más por cambiar la opinión pública sobre las diferencias de clase. Ayudó a dirigir Urania Cottage, un hogar para mujeres que querían rehacer su vida, y sus lecturas públicas recaudaron fondos para el hospital infantil de Great Ormond Street. Su historial no es impecable: los comentaristas modernos señalan contradicciones y prejuicios en algunas de sus opiniones, y cuando una lectora le reprochó el retrato antisemita de Fagin, introdujo cambios en reimpresiones posteriores.
El actor de sus propias novelas y los últimos años
A Dickens le apasionaba el teatro, y en la segunda mitad de su carrera recorrió Gran Bretaña y Estados Unidos con lecturas dramatizadas de sus obras. Solo su primera gira incluyó 129 funciones en 49 ciudades, y el público lo recibía como a una estrella moderna. Su vida privada fue menos feliz: se separó de su esposa Catherine en 1858, y su relación con la joven actriz Ellen Ternan sigue siendo en parte materia de especulación. En 1865 sobrevivió al accidente ferroviario de Staplehurst, atendió a los heridos y volvió al vagón colgante para rescatar un manuscrito.
Agotado por las giras, sufrió un derrame cerebral y murió en su casa de Gads Hill Place el 9 de junio de 1870, dejando inacabada El misterio de Edwin Drood. Fue enterrado en el Rincón de los Poetas de la abadía de Westminster.
Por qué sigue importando
Las obras de Dickens se han adaptado al cine y la televisión al menos 200 veces. Escritores tan distintos como Tolstói, Dostoievski y Julio Verne lo admiraban, y el cineasta Serguéi Eisenstein defendió que su técnica de alternar historias paralelas influyó en el lenguaje del cine. Para quien aprende inglés es un maestro exigente pero agradecido: sus frases son largas, pero sus diálogos tienen chispa, su humor sigue funcionando y muchas expresiones cotidianas salen directamente de sus páginas. Un buen primer paso es Cuento de Navidad, que es corto; Grandes esperanzas puede ser el siguiente.
Aprende inglés con Charles Dickens
| Expresión | Significado | Ejemplo |
|---|---|---|
| a scrooge | un tacaño que odia gastar | Don't be a scrooge – buy everyone a coffee. |
| Dickensian | que recuerda la miseria de las novelas de Dickens | The old factory had Dickensian working conditions. |
| the best of times, the worst of times | una etapa buena y mala a la vez | Starting university was the best of times and the worst of times. |
| great expectations | grandes esperanzas para el futuro | Her parents had great expectations for her. |
| a cliffhanger | un final que te deja en suspenso | The episode ended on a cliffhanger. |
Practica: escribe tres frases en inglés sobre una etapa de tu vida que fue «the best of times and the worst of times» y usa «a cliffhanger» en una de ellas.