De Tánger a Quanzhou de memoria: qué partes de la Rihla de Ibn Battuta resisten el examen de los historiadores

La Rihla de Ibn Battuta es valiosa pero no del todo fiable: se dictó de memoria, copia a viajeros previos y se discuten viajes como el de China.

¿Es fiable la Rihla de Ibn Battuta? La respuesta honesta es que lo es lo bastante para ser una de las ventanas más importantes al mundo del siglo XIV, pero no tanto como para leerla como un diario. Ibn Battuta (1304–1368/69) fue un erudito musulmán de Tánger, en Marruecos, que pasó unos treinta años, de 1325 a 1354, recorriendo buena parte de África, Asia y la península ibérica, y al final de su vida dictó el relato de esos viajes conocido como la Rihla. No hay indicios de que tomara notas por el camino, así que el libro depende de la memoria, y su editor copió pasajes enteros de viajeros anteriores sin decirlo. Los especialistas actuales dudan de que visitara todos los lugares que describe, con interrogantes sobre Bolghar, parte de Anatolia e incluso China. Aun así, algunos detalles se han confirmado de forma sorprendente, y hasta las partes prestadas cuentan mucho sobre cómo se veía a sí mismo el mundo islámico de su época.

Un joven de familia de juristas rumbo a La Meca

Todo lo que sabemos de su juventud procede de su propio libro. Nació en Tánger el 24 de febrero de 1304 en una familia bereber de juristas islámicos, y de joven debió de estudiar la escuela malikí de derecho, la predominante en el norte de África. Su apellido significa literalmente «hijo del patito».

En junio de 1325, con veintiún años, salió de casa para hacer el hach, la peregrinación a La Meca, un viaje que solía durar unos dieciséis meses. No volvería a Marruecos hasta veinticuatro años después. En la Rihla cuenta que partió solo, sin compañero ni caravana, empujado por un impulso irresistible, y que dejó su hogar como los pájaros abandonan el nido, con gran tristeza para él y para sus padres. Siguió la costa norteafricana hasta Alejandría y El Cairo, dio largos rodeos por Siria y Palestina y completó su primera peregrinación en noviembre de 1326. En lugar de volver, decidió seguir viajando.

El mapa de sus viajes

La Rihla se entiende mejor como una serie de grandes vueltas que como una línea recta. Después de La Meca fue a Irak e Irán, a Basora, Isfahán, Shiraz y a una Bagdad todavía en parte arruinada por el ataque mongol de 1258. Luego bajó por el mar Rojo hasta Yemen y siguió la costa oriental de África hasta Mogadiscio, Mombasa y Kilwa, ciudad que elogió como una de las más bellamente construidas que había visto.

Después se propuso trabajar para el riquísimo sultán de Delhi, Muhammad bin Tughluq, y llegó a la India por el camino más largo: Anatolia, el mar Negro y las tierras de la Horda de Oro, Constantinopla en el séquito de una princesa bizantina, Bujará, Samarcanda y el Hindu Kush. Alcanzó el río Indo el 12 de septiembre de 1333. En Delhi el sultán lo nombró cadí, es decir, juez, pero el soberano era imprevisible, y durante seis años Ibn Battuta osciló entre la vida de un funcionario de confianza y la sospecha de traición.

La salida llegó en 1341, cuando le encargaron dirigir una embajada ante el emperador Yuan de China. La misión se deshizo casi enseguida: unos bandidos lo robaron y secuestraron, una tormenta hundió uno de los barcos en Calicut y el otro zarpó sin él. Con miedo de volver a Delhi como un fracasado, acabó en las Maldivas, donde los gobernantes lo retuvieron nueve meses como juez principal; sus sentencias severas le crearon enemigos y terminó dimitiendo. Siguió a Sri Lanka, Bengala, Sumatra y, según su relato, a China, adonde llegó por el puerto de Quanzhou en 1345.

Regreso a casa y cruce del Sáhara

De vuelta hacia el oeste, llegó a Damasco en 1348, justo cuando se extendía la peste negra, y anotó que allí morían 2.400 personas al día. Supo entonces que su padre había muerto quince años antes, y cuando por fin regresó a Marruecos en 1349 descubrió que su madre había fallecido pocos meses antes. No se quedó quieto mucho tiempo. Visitó al-Ándalus y Granada, y en 1352 cruzó el Sáhara con una caravana, pasando por las minas de sal de Taghaza, donde los edificios estaban hechos con bloques de sal, hasta llegar al Imperio de Malí y a su soberano, Mansa Suleyman. Continuó hasta Tombuctú y Gao antes de que el sultán de Marruecos le ordenara volver en 1353.

La distancia total suele calcularse en unos 117.000 kilómetros, más que cualquier otro viajero premoderno conocido, frente a los 24.000 aproximados de Marco Polo.

Cómo se hizo la Rihla

A su regreso, el sultán meriní Abu Inan Faris le sugirió dejar constancia de sus viajes. Ibn Battuta dictó el relato en árabe a Ibn Yuzayy, un erudito al que había conocido en Granada, y ese texto es la única fuente sobre sus aventuras. Su título completo puede traducirse como Regalo para quienes contemplan las maravillas de las ciudades y los prodigios de los viajes, aunque se le llama sencillamente la Rihla.

Ese nombre ya es una pista. Rihla significa a la vez «viaje» y un género de la literatura árabe ligado a la idea de viajar en busca de conocimiento, normalmente en torno a la peregrinación a La Meca. Los ejemplos clásicos describen personajes, lugares, gobiernos, costumbres y curiosidades. Los libros de Ibn Battuta y del andalusí Ibn Yubair se consideran cumbres del género, no sus fundadores. Es decir, el lector del siglo XIV esperaba de una rihla que fuera instructiva y bien escrita, no un registro exacto de fechas.

Los argumentos en contra: memoria, copias y rodeos dudosos

El mayor problema es que no hay pruebas de que tomara notas durante sus veintinueve años de viaje. Al dictar, tuvo que fiarse de la memoria y de manuscritos de viajeros anteriores. Ibn Yuzayy no citó esas fuentes: sus descripciones de Damasco, La Meca, Medina y otros lugares de Oriente Medio copian claramente el relato de Ibn Yubair, escrito más de 150 años antes, y la mayor parte de lo que dice de Palestina procede del viajero del siglo XIII Muhammad al-Abdari.

Algunos trayectos probablemente son inventados o prestados. Se considera muy improbable que subiera por el Volga hasta Bolghar, y hay serias dudas sobre su viaje a Saná, en Yemen, sobre su ruta de Balj a Bistam y sobre su recorrido por Anatolia, donde el orden de las ciudades salta cientos de kilómetros de un lado a otro. La parte de China es la más discutida: algunos investigadores creen que pudo tomar fragmentos de otros autores, y contiene errores claros, como confundir el río Amarillo con el Gran Canal o creer que la porcelana se fabricaba con carbón. El estudioso alemán Ralph Elger va más lejos y sospecha que buena parte del contenido es ficción inspirada en otros relatos de viaje.

La Rihla tiene además un lado oscuro que el lector actual no debería saltarse. Ibn Battuta compró y recibió como regalo a personas esclavizadas, entre ellas jóvenes griegas, y escribió comentarios despectivos sobre los habitantes de Malí y sobre los griegos. En cierto sentido, esos pasajes son fiables: muestran sin filtro cómo veía el mundo un viajero bien relacionado de su clase.

Los argumentos a favor: lo que se ha confirmado

Las dudas no lo son todo. En 1987 el historiador Ross E. Dunn se mostraba escéptico de que alguna vez aparecieran pruebas externas. Pero en 2010 Tim Mackintosh-Smith, tras años de trabajo de campo en lugares citados en la Rihla, dio a conocer manuscritos de derecho islámico en los archivos de la Universidad de Al-Azhar que Ibn Battuta había copiado en Damasco en 1326, justo la fecha que da el libro para su estancia en Siria. Sus páginas sobre África occidental contienen la mención más antigua conocida del xilófono mandinga, y su itinerario ayuda a fechar la expansión del islam hacia el corazón de esa región. Incluso quienes dudan de partes del libro reconocen que, aunque no todo sea testimonio directo, ofrece un relato importante de buena parte del mundo del siglo XIV.

La manera sensata de leerlo es la de los historiadores: confiar en el trazado general, contrastar cada dato concreto con otras fuentes y recordar que algunas escenas vivas pueden ser prestadas.

Redescubrimiento y legado

Durante siglos la Rihla fue casi desconocida fuera del mundo islámico. Los estudiosos europeos solo encontraron versiones abreviadas a comienzos del siglo XIX; la primera traducción al inglés apareció en 1829, una edición crítica en árabe con traducción francesa empezó a publicarse en 1853, y la traducción inglesa anotada completa no se terminó hasta 1994. Poco se sabe de su vida tras acabar el libro: fue juez en Marruecos y murió en 1368 o 1369. Hoy llevan su nombre el aeropuerto y un estadio de Tánger y un gran centro comercial temático en Dubái.

Aprende inglés con Ibn Battuta

Expresión Significado Ejemplo
to have itchy feet tener siempre ganas de viajar After Mecca, he still had itchy feet.
a detour un rodeo He took a detour through Syria.
from memory de memoria, sin notas He dictated the whole book from memory.
secondhand de oídas, no visto en persona Some of his stories about China may be secondhand.
to take with a pinch of salt no creérselo del todo Take the dates in the Rihla with a pinch of salt.

Practica: describe de memoria un viaje en tres frases en inglés y marca un detalle que podría ser «secondhand».

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