¿Por qué llamaban a Cervantes «el manco de Lepanto»? La vida del autor del Quijote

Cervantes perdió el uso de la mano izquierda en Lepanto (1571), pasó cinco años cautivo en Argel y publicó el Quijote en 1605, cerca de los sesenta.

A Miguel de Cervantes lo llamaban «el manco de Lepanto» porque en la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, recibió dos arcabuzazos en el pecho y otro en una mano, y la mano izquierda le quedó inutilizada para siempre. No la perdió, como a veces se cree: la conservó, pero sin movimiento. Aquel soldado herido acabaría escribiendo, más de treinta años después, el libro más famoso de la lengua española. Entre una cosa y otra hubo cautiverio, cárceles, deudas y caminos polvorientos, y conocer ese recorrido ayuda mucho a leer el Quijote con otros ojos.

Un niño de Alcalá de Henares

Cervantes fue bautizado el 9 de octubre de 1547 en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares. No sabemos con certeza el día en que nació, pero lo más probable es que fuera el 29 de septiembre. Su padre, Rodrigo de Cervantes, era cirujano, y su madre se llamaba Leonor de Cortinas.

La familia no vivía con holgura. El padre llegó a estar preso por deudas entre octubre de 1553 y abril de 1554, y la familia cambió varias veces de ciudad antes de instalarse en Madrid en 1566. Sobre sus estudios hay más dudas que certezas: se discute si pasó por un colegio de jesuitas en Sevilla, así que conviene no dar por seguro lo que no lo es.

Italia: de Roma a los tercios

En 1569 se dictó una orden de arresto contra él por haber herido en un duelo a un tal Antonio de Sigura, y Cervantes salió de España. En diciembre de ese año ya estaba en Roma, al servicio de Giulio Acquaviva. Tenía poco más de veinte años y empezaba una vida de viajes que lo llevaría muy lejos de Castilla.

En 1570 se trasladó a Nápoles y se alistó en un regimiento de infantería de la armada española. Para un joven sin fortuna, las armas eran uno de los pocos caminos para ganarse la vida y, con suerte, la honra.

Lepanto: una herida llevada con orgullo

El día de la batalla, Cervantes estaba enfermo, pero aun así combatió a bordo de la galera Marquesa. Las heridas que recibió allí le dieron el apodo que todavía hoy lo acompaña. Lejos de avergonzarse, él lo llevó con orgullo. En el Viaje del Parnaso escribió que había perdido el movimiento de la mano izquierda para gloria de la diestra.

Es una frase muy suya: humilde y orgullosa a la vez, con un punto de ironía. Para él, haber estado en Lepanto era un honor de soldado, y la mano inútil era la prueba. Por eso, cuando hoy decimos «el manco de Lepanto», no hablamos de una burla, sino de una especie de título que el propio escritor aceptó.

Cinco años cautivo en Argel

El 26 de septiembre de 1575, cuando volvía de Nápoles a España con su hermano Rodrigo, una flotilla turca los capturó y los llevó a Argel. Allí pasó casi cinco años. Sus captores pidieron por él 500 escudos de oro, una cantidad enorme para su familia. A su hermano lo rescataron en 1577, pero para Miguel no alcanzó el dinero.

Cervantes no se quedó quieto. Organizó cuatro intentos de fuga, todos fracasados, y en cada ocasión asumió él solo la responsabilidad ante sus amos para proteger a sus compañeros. Por fin, el fraile trinitario Juan Gil reunió el rescate, y Cervantes quedó libre el 19 de septiembre de 1580; el 24 de octubre de ese mismo año pisó de nuevo tierra española. Aquellos años de espera, planes y fracasos le dieron un tema que nunca abandonó: la libertad y el precio de conseguirla.

La Galatea, Esquivias y Sevilla

Ya en España, Cervantes intentó vivir de la pluma. Su primera obra publicada en volumen fue La Galatea, una novela pastoril que salió en Alcalá de Henares en 1585. Poco antes, el 12 de diciembre de 1584, se había casado en Esquivias con Catalina de Salazar y Palacios. No tuvieron hijos.

Escribir no daba para comer, así que aceptó empleos del Estado. En 1587 fue comisario de provisiones de la Armada Invencible en Andalucía, y el 10 de enero de 1588 se instaló en Sevilla. Más tarde trabajó como recaudador de impuestos atrasados, y en 1597 acabó en la cárcel de Sevilla, entre septiembre y diciembre, por irregularidades en sus cuentas. Se suele contar que fue entre aquellas paredes donde empezó a concebir el Quijote. Sea como sea, esos años de ventas, mulas, arrieros y caminos de Andalucía y La Mancha son el mundo por el que cabalgará su hidalgo.

1605: «En un lugar de la Mancha…»

La primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha se publicó en enero de 1605. La imprimió Juan de la Cuesta, y la financió Francisco de Robles, librero del Rey. Empieza con una de las frases más conocidas del idioma: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…».

El protagonista es un hidalgo que, de tanto leer libros de caballerías, decide hacerse caballero andante. Monta a Rocinante, toma como escudero a su vecino Sancho Panza, un labrador, y dedica sus hazañas a Dulcinea del Toboso, que en realidad es Aldonza Lorenzo, una labradora. En el capítulo 8 de la primera parte confunde unos molinos de viento con gigantes, pese a las advertencias de Sancho. Cervantes juega además con el lector: atribuye la historia a un autor árabe inventado, Cide Hamete Benengeli, cuyos manuscritos el narrador dice haber encontrado por casualidad en Toledo.

El libro viajó rápido. Las primeras traducciones fueron al inglés (1612), al francés (1614), al italiano (1622), al alemán (1648) y al neerlandés (1657).

Avellaneda y la segunda parte

En 1614 apareció una continuación apócrifa firmada por Alonso Fernández de Avellaneda. Cervantes respondió con ironía en el prólogo de su propia segunda parte, publicada en 1615. Dentro de la novela, don Quijote se entera en una venta de que existe ese libro falso, se indigna porque lo retrata como un loco en Zaragoza y decide ir a Barcelona para desmentirlo.

Al final, Alonso Quijano recupera la cordura, abomina de los libros de caballerías y muere en su aldea; el texto dice que muere «entre la compasión y las lágrimas de todos». Pocas novelas cierran con tanta ternura una historia que empezó como parodia.

Los últimos años: una explosión de obras

Lo asombroso es que, ya mayor, Cervantes escribió más que nunca. Las doce Novelas ejemplares salieron en 1613; el Viaje del Parnaso, en 1614; y las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados, en 1615. Su última novela, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, se publicó un año después de su muerte, y firmó la dedicatoria apenas dos días antes de morir.

Murió en Madrid el 22 de abril de 1616, a los 68 años, y fue enterrado el 23 de abril en el convento de las Trinitarias Descalzas. Durante mucho tiempo se tomó el 23 como fecha de su muerte, pero varios especialistas entienden que el registro parroquial recoge en realidad la del entierro. Sus restos se perdieron cuando se reconstruyó el convento en 1673, y en marzo de 2015 se confirmó que entre los huesos hallados allí estaban los suyos.

Del «Príncipe de los Ingenios» a «la lengua de Cervantes»

A Cervantes se le dio el apelativo de «Príncipe de los Ingenios», y el español se llama a menudo «la lengua de Cervantes». Cada 23 de abril, además, se entrega el Premio Cervantes en el paraninfo de la Universidad de Alcalá, la ciudad donde lo bautizaron. Parte de la crítica considera el Quijote una de las primeras novelas modernas.

Para quien aprende español, Cervantes no es solo un nombre de examen. Muchas expresiones que usamos a diario vienen de su mundo, y leer aunque sea el primer capítulo en una edición adaptada es una forma estupenda de oír el idioma con cuatro siglos de historia.

Expresiones para aprender con Cervantes

Expresión Significado Ejemplo
luchar contra molinos de viento enfrentarse a enemigos imaginarios o imposibles Discutir con él es luchar contra molinos de viento.
ser un quijote ser idealista sin mirar la realidad Mi hermano es un quijote: quiere arreglar el mundo solo.
de cuyo nombre no quiero acordarme (humor) algo que uno prefiere no nombrar Trabajé en una empresa de cuyo nombre no quiero acordarme.
pagar el rescate dar dinero para liberar a alguien La familia no pudo pagar el rescate.
a pesar de sin que algo lo impida Combatió a pesar de estar enfermo.

Practica: Imita la primera frase del Quijote y escribe el comienzo de tu propia historia: «En un lugar de ___, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía ___». Después añade dos frases usando a pesar de y luchar contra molinos de viento.

Aprende idiomas con Miguel de Cervantes

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