Zheng He y la flota del tesoro: el almirante chino que llegó a África casi un siglo antes que Vasco da Gama
Zheng He (1371–1433/35) dirigió siete viajes de la flota del tesoro Ming entre 1405 y 1433 hasta India, Arabia y África oriental. Vida y legado.
Zheng He llegó mucho más lejos de lo que suele imaginarse: entre 1405 y 1433 dirigió siete expediciones de la flota del tesoro de la dinastía Ming que recorrieron el sudeste asiático, la India, la península arábiga, el Cuerno de África y la costa suajili de África oriental. Los tres primeros viajes alcanzaron Calicut, en la costa de Malabar; el cuarto llegó hasta Ormuz, en el golfo Pérsico, y los tres últimos siguieron hasta Arabia y el este de África. Para un lector hispanohablante, acostumbrado a pensar en la era de los descubrimientos desde Sevilla o Lisboa, la fecha es lo que más sorprende: la flota china ya estaba en las costas africanas casi un siglo antes de que Vasco da Gama doblara el cabo de Buena Esperanza.
Un niño musulmán de Yunnan
Zheng He nació en 1371 con el nombre de Ma He, en una familia musulmana de la etnia hui, en Kunyang, cerca de Kunming, en la provincia sureña de Yunnan. Su familia tenía raíces en el mundo mongol: descendía de Sayyid Ajjal Shams al-Din Omar, que había gobernado Yunnan para el Imperio mongol, y tanto su abuelo como su padre llevaban el título de hajji, lo que sugiere que habían peregrinado a La Meca.
Es un detalle que conviene recordar. El hombre que más tarde llevaría barcos chinos a los puertos árabes creció en una casa donde los viajes largos no eran una fantasía, sino parte de la historia familiar.
Prisionero de guerra al servicio de un príncipe
A comienzos de la década de 1380, el ejército Ming invadió Yunnan y el padre de Ma He murió en los combates. El niño fue capturado, castrado cuando tenía entre diez y catorce años y enviado a servir en la casa de Zhu Di, el príncipe de Yan, que gobernaba la ciudad norteña de Beiping, la actual Pekín.
Es difícil imaginar un comienzo más duro. Sin embargo, el joven eunuco se ganó poco a poco la confianza del príncipe. Pasó sus primeros años como soldado en la frontera norte y participó en las campañas de Zhu Di contra los mongoles. Además recibió una educación formal en Beiping, algo poco probable en la capital, Nankín, porque el emperador fundador Hongwu desconfiaba de los eunucos y prefería que fueran analfabetos. En la casa del príncipe también lo llamaban Sanbao, en referencia a las Tres Joyas del budismo, y ese apodo acabaría siendo el nombre con el que muchos lo recordaron.
Un apellido como recompensa
Cuando el nuevo emperador Jianwen intentó quitar el poder a sus tíos, Zhu Di se rebeló en 1399. Ma He defendió el embalse de Beiping frente a las tropas imperiales y fue uno de los comandantes de la campaña de 1402 que tomó Nankín. Zhu Di se convirtió en el emperador Yongle, nombró a Ma He gran director del servicio de palacio y en 1404 le concedió el apellido Zheng por su actuación en aquel embalse.
El nombre que hoy usamos, Zheng He, fue por tanto un premio. Un prisionero de guerra se había convertido en uno de los hombres más poderosos de la corte, y su lealtad al nuevo emperador explica todo lo que vino después.
La flota del tesoro
El emperador Yongle ordenó en 1403 la construcción de una gran flota y puso a Zheng He al frente. Los preparativos fueron enormes: hacían falta tantos intérpretes que se fundó en Nankín un instituto de lenguas extranjeras. El primer viaje zarpó el 11 de julio de 1405 con 317 barcos y casi 28.000 tripulantes.
¿Para qué una flota así? Los historiadores dan varias respuestas. El emperador quería establecer una presencia china en el océano Índico, controlar su comercio, impresionar a los gobernantes extranjeros y ampliar el sistema de estados tributarios de China. Algunos pasajes de la historia oficial de los Ming se han interpretado además como una pista de que los primeros viajes buscaban también al emperador Jianwen, depuesto y supuestamente huido. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez: un soberano que había llegado al trono por la fuerza necesitaba demostrar que el cielo estaba de su parte.
Jirafas, porcelana y soldados
La flota llevaba oro, plata, porcelana y seda como regalos, y volvía con avestruces, cebras, camellos y marfil de la costa suajili. El recuerdo más famoso fue una jirafa de Malindi, en África oriental, que en la corte Ming se identificó con el qilin, un animal mítico de buen augurio, y se presentó como prueba de que el emperador gobernaba con el Mandato del Cielo.
Pero no conviene imaginar viajes pacíficos de simple exploración. Había soldados a bordo y Zheng He los usó: destruyó la flota del pirata Chen Zuyi en Palembang, hizo la guerra al reino de Kotte en Ceilán y ayudó a derrotar a un pretendiente al trono de Semudera, en el norte de Sumatra. Embajadores de numerosos estados viajaron después a China para presentar sus respetos a la corte.
Las rutas tampoco eran nuevas. Comerciantes chinos, árabes y de otros pueblos llevaban siglos navegando entre China y Arabia, y cuando la flota llegó a Malaca ya vivía allí una comunidad china considerable. Lo nuevo era la escala y el hecho de que fuera el Estado, y no los mercaderes, quien dirigía la empresa.
¿Barcos de 127 metros?
Muchos libros de divulgación repiten que los mayores "barcos del tesoro" medían unos 127 metros, mucho más que cualquier nave de madera europea. Esa cifra procede, sin embargo, de una novela publicada en 1597, y muchos especialistas consideran improbables esas medidas y proponen esloras de entre 60 y 75 metros. Las excavaciones de 2003 y 2004 en el astillero del tesoro de Nankín encontraron dársenas lo bastante largas para un barco gigantesco, pero demasiado estrechas y poco profundas, lo que sugiere que los mayores barcos construidos allí probablemente no superaban los 75 metros.
Incluso la cifra menor describe barcos de madera muy grandes, y una flota de cientos de naves seguía siendo un espectáculo asombroso a principios del siglo XV. La polémica es una buena lección: las cifras famosas también hay que comprobarlas.
El final de los viajes
Al morir Yongle en 1424, su sucesor, el emperador Hongxi, suspendió las expediciones. Zheng He fue nombrado defensor de Nankín, y el siguiente emperador, Xuande, le encargó en 1430 un séptimo y último viaje. Probablemente murió en 1433, durante esa expedición o poco después, quizá en Calicut, aunque otra teoría sostiene que vivió en Nankín hasta 1435; su tumba de Nankín es un cenotafio.
¿Por qué se detuvo China? En parte por la política de la corte: los viajes los dirigían los eunucos de palacio, y los funcionarios civiles que se oponían a ellos ganaron terreno tras la muerte de Yongle. También se necesitaba dinero para la guerra contra los mongoles en el norte y, más tarde, para la Gran Muralla. Los historiadores actuales recuerdan, eso sí, que el comercio marítimo chino no desapareció: los barcos chinos siguieron activos en el sudeste asiático durante siglos.
Legado: del olvido al héroe nacional
Las historias oficiales chinas lo dejaron de lado durante mucho tiempo, y volvió a ser conocido gracias a la biografía que el escritor Liang Qichao publicó en 1904. Hoy el 11 de julio, aniversario de la salida de su primera flota, es el Día Marítimo tanto en la República Popular China como en Taiwán.
En las comunidades chinas del sudeste asiático se convirtió en objeto de veneración popular, y hay templos vinculados a él en ciudades indonesias como Semarang y Surabaya. En Sri Lanka, la inscripción trilingüe de Galle, escrita en chino, tamil y persa, recuerda las donaciones de la flota a un templo. Una sola piedra en tres idiomas resume mejor que cualquier cifra el mundo por el que se movía.
También sigue presente en la cultura popular: una novela Ming de 1597 convirtió sus viajes en una aventura fantástica, el escritor de ciencia ficción Vernor Vinge llamó "Qeng Ho" a una civilización de comerciantes en su honor, y la televisión china celebró en 2005 el sexto centenario de los viajes con una serie.
Para quien aprende idiomas, Zheng He es un personaje ideal para practicar el vocabulario del mar y del comercio. Su historia mezcla chino, árabe, persa, tamil y malayo, y en español permite repasar palabras muy útiles como flota, zarpar, rumbo, puerto o tripulación.
Aprende con Zheng He: expresiones en español
| Expresión | Significado | Ejemplo |
|---|---|---|
| zarpar | salir un barco del puerto; empezar algo | La flota zarpó en julio de 1405. |
| llegar a buen puerto | terminar algo con éxito | El proyecto llegó a buen puerto. |
| poner rumbo a | dirigirse hacia un lugar | Pusieron rumbo a Calicut. |
| viento en popa | con muy buena marcha | Los viajes iban viento en popa. |
| tomar algo con pinzas | no creerlo del todo | Hay que tomar la cifra de 127 metros con pinzas. |
Practica: Escribe tres frases en español sobre un viaje o un proyecto tuyo usando "zarpar" y "llegar a buen puerto".