¿De verdad no crecía la hierba por donde pisaba el caballo de Atila? El 'azote de Dios' sin leyenda
La frase es un dicho popular, no una cita comprobada. Atila sí aterrorizó a Roma entre 434 y 453, pero también era culto, sobrio y negociador.
No hay ninguna prueba de que Atila pronunciara esa frase. La propia tradición la presenta como una "expresión popular" que se le atribuye: «por donde pisa mi caballo no crece la hierba». Lo que sí es histórico es el miedo que provocó. Entre 434 y 453, el rey de los hunos saqueó dos veces los Balcanes, obligó a Constantinopla a pagar enormes tributos en oro, llegó hasta Orleans en la Galia y arrasó el norte de Italia. Pero el Atila que describen quienes lo conocieron en persona es más complejo que el bárbaro del refrán: sobrio, sin joyas, políglota y un negociador temible.
Un pueblo llegado de la estepa
Los hunos eran nómadas euroasiáticos que aparecieron al este del Volga y entraron en Europa hacia el año 370. Vivían sobre todo de la carne y la leche de sus rebaños, y sus arqueros a caballo tenían fama de invencibles. Su llegada provocó una reacción en cadena: los pueblos que huían de ellos, como los godos, empujaron hacia el interior del Imperio romano, y en 378 los godos mataron al emperador Valente en la batalla de Adrianópolis.
Hacia 432 los hunos se unificaron bajo el rey Rugila. Cuando este murió en 434, dejó al mando de todas las tribus a sus sobrinos Atila y Bleda, hijos de su hermano Mundzuk. Incluso el nombre de Atila es objeto de debate; muchos especialistas creen que procede del gótico atta, "padre", con un diminutivo, es decir, "padrecito".
El oro de Constantinopla
El primer secreto del poder de Atila no fue la destrucción, sino el cobro. En su primer tratado con el Imperio de Oriente, negociado a caballo en Margus, los romanos aceptaron devolver a los fugitivos, abrir sus mercados a los comerciantes hunos y duplicar el tributo anual hasta 700 libras romanas de oro.
Cuando el emperador Teodosio II retiró tropas del Danubio para enfrentarse a los vándalos, que habían conquistado Cartago, Atila y Bleda vieron su oportunidad. En 441 saquearon Margus y Viminacium y tomaron Singidunum, la actual Belgrado, y Sirmium. En 443 volvieron con arietes y torres de asalto rodantes, una novedad entre los hunos, tomaron Ratiara y Naissus, y llegaron a destruir tropas romanas a las puertas de Constantinopla; solo las murallas de la capital los detuvieron.
La paz salió carísima: 6.000 libras de oro como castigo y un tributo anual triplicado hasta 2.100 libras.
Rey único
Según Jordanes, que sigue al historiador Prisco, Bleda murió hacia 445 y Atila quedó como único rey. Hay mucha especulación sobre si Atila mató a su hermano o si Bleda murió por otras causas; las fuentes no lo aclaran. Lo cierto es que a partir de entonces fue el señor indiscutido de los hunos, y en 447 volvió a arrasar los Balcanes hasta las Termópilas.
Lo que vio Prisco en la corte de Atila
En 448, el historiador bizantino Prisco viajó como embajador al campamento de Atila. Los fragmentos de su relato describen al rey entre sus numerosas esposas y sus bufones, impasible y sin joyas en medio del lujo de sus cortesanos. Prisco identificó el huno, el gótico y el latín como lenguas comunes en la corte, y conoció a un romano cautivo que se había adaptado tan bien a la vida de los hunos que no quería volver a casa.
De esos relatos se deduce que Atila hablaba y probablemente escribía latín, además de griego y otras lenguas, por lo que fue un hombre muy culto para los cánones de su época. La descripción física que conservó Jordanes lo pinta bajo, de pecho ancho y cabeza grande, ojos pequeños y barba rala y canosa, "amante de la guerra, pero comedido en la acción", y clemente con quienes le pedían protección.
Una princesa, un anillo y la invasión de la Galia
En la primavera de 450, Honoria, hermana del emperador de Occidente Valentiniano III, prometida contra su voluntad a un senador, envió a Atila una petición de ayuda junto con su anillo. Probablemente no pretendía casarse con él, pero Atila decidió interpretarlo como una propuesta de matrimonio y pidió como dote la mitad del Imperio occidental.
En 451 entró en la Galia con un ejército que Jordanes, exagerando, cifra en medio millón de hombres, y el 7 de abril tomó Metz. El general romano Aecio, que había vivido entre los hunos, reunió francos, burgundios y celtas y se alió con el rey visigodo Teodorico I. Ambos llegaron a Orleans antes que Atila y lo obligaron a retroceder hasta la batalla de los Campos Cataláunicos, donde Teodorico murió pero los hunos tuvieron que retirarse.
Italia, Aquilea y el papa León
En 452 Atila volvió a exigir su boda con Honoria invadiendo Italia. Su ejército saqueó numerosas ciudades y arrasó Aquilea hasta los cimientos; el emperador huyó de Rávena a Roma. Muchos habitantes buscaron refugio en las islas de la laguna donde más tarde crecería Venecia.
Junto al río Po lo esperaba una embajada en la que iba el papa León I. Tras el encuentro, Atila se retiró sin reclamar ni a Honoria ni los territorios que quería. Próspero de Aquitania atribuyó el éxito al papa, ayudado por san Pedro y san Pablo, pero hay explicaciones más terrenales: epidemias y hambre en su ejército, tropas del emperador Marciano atacando a los hunos en el Danubio, y, según Prisco, un temor supersticioso al destino de Alarico, que murió poco después de saquear Roma en 410.
Una muerte en plena noche de bodas
A comienzos de 453, mientras planeaba un nuevo ataque contra Constantinopla, Atila celebró su última boda con una goda llamada Ildico. Según Prisco, esa noche sufrió una grave hemorragia nasal que le causó la muerte. Un cronista que escribió ochenta años después aseguró que su esposa lo apuñaló, y las sagas nórdicas repiten esa versión, pero la mayoría de los estudiosos la consideran pura fantasía.
La tradición recogida por Jordanes cuenta que sus guerreros lo lloraron hiriéndose con las espadas y que fue enterrado en un triple sarcófago de oro, plata y hierro, tras lo cual se ejecutó a quienes participaron en el funeral para mantener el lugar en secreto. Es un relato literario: la tumba nunca se ha encontrado.
Por qué su imperio se vino abajo
Tras su muerte, su consejero Ardarico, jefe de los gépidas, encabezó una revuelta y el Imperio huno se derrumbó con rapidez. Esa fragilidad explica mucho: el miedo que inspiraba Atila dependía de un solo hombre.
Su fama de crueldad absoluta quizá creció también porque la imaginación popular lo mezcló con caudillos esteparios posteriores, como Gengis Kan y Tamerlán. En Hungría y Turquía, en cambio, los nombres de Atila e Ildico siguen siendo populares hoy. El "azote de Dios" fue real; el caballo que secaba la hierba, probablemente no.
Aprende español con Atila: expresiones de miedo y poder
| Expresión | Significado | Ejemplo |
|---|---|---|
| sembrar el terror | causar mucho miedo | El ejército sembró el terror en los Balcanes. |
| costar un ojo de la cara | ser carísimo | La paz le costó al emperador un ojo de la cara. |
| no dejar piedra sobre piedra | destruirlo todo | Los invasores no dejaron piedra sobre piedra en Aquilea. |
| ser un castillo de naipes | ser muy frágil | Su imperio era un castillo de naipes. |
| plantar cara | enfrentarse con valor | Aecio decidió plantarle cara en la Galia. |
Practica: Escribe tres frases sobre un líder temido usando "sembrar el terror", "plantar cara" y "ser un castillo de naipes".