Enanos que pelean por un huevo y caballos más sabios que nosotros: la sátira escondida en Los viajes de Gulliver

Los viajes de Gulliver (1726) no nació como cuento infantil: Jonathan Swift lo escribió como sátira política. Los cuatro viajes, sus blancos y su legado.

Los viajes de Gulliver cuenta las cuatro travesías de Lemuel Gulliver, un cirujano de barco inglés que naufraga o es abandonado en países imposibles: Liliput, habitado por personas diminutas; Brobdingnag, tierra de gigantes; Laputa, una isla voladora de sabios inútiles; y el país de los Houyhnhnms, caballos racionales que conviven con unas criaturas humanoides salvajes llamadas yahoos. Su significado va mucho más allá de la aventura: Jonathan Swift lo publicó en 1726 como una sátira política que se burla de la naturaleza humana, de los gobiernos europeos y de los libros de viajes que estaban de moda. Aunque hoy se lea a menudo como libro infantil, su autor no lo pensó para niños. En esta guía repasamos quién fue Swift, cómo escribió el libro, qué ocurre en cada viaje, contra qué apunta la sátira y qué palabras dejó en nuestros idiomas.

Un deán irlandés con muy mala leche

Jonathan Swift nació en Dublín el 30 de noviembre de 1667 y murió el 19 de octubre de 1745. Fue escritor, ensayista, satírico y clérigo anglicano, y muchos lo consideran el mayor satírico de la época georgiana. En 1713 fue nombrado deán de la catedral de San Patricio de Dublín, de ahí el apodo de «deán Swift».

Swift casi nunca firmaba con su nombre: publicaba con seudónimos como Isaac Bickerstaff o M. B. Drapier, o de forma anónima. Su ironía seca, dicha con cara de póquer, es tan característica que en inglés se habla de sátira «swiftiana». El ejemplo más célebre es Una modesta proposición (1729), el ensayo en el que sugiere con total frialdad que las familias pobres de Irlanda vendan a sus bebés como alimento. Quien conoce ese texto ya sabe cómo leer a Gulliver: cuanto más razonable suena el narrador, más feroz es la burla.

Cómo se escribió y por qué salió sin firma

No se sabe con exactitud cuándo empezó. Algunas fuentes relacionan la idea con el Club Scriblerus, que Swift fundó hacia 1713 con amigos como Alexander Pope y John Gay para parodiar los géneros literarios populares, entre ellos los relatos de viajeros. Por sus cartas sabemos que la redacción propiamente dicha comenzó en 1720: primero las partes I y II, luego la IV en 1723 y por último la III en 1724. En agosto de 1725 el libro estaba terminado.

Como era una sátira claramente contraria al gobierno whig, publicarla era peligroso. Es probable que Swift hiciera copiar el manuscrito por otra mano para que su letra no sirviera de prueba en un juicio. En 1726 la copia llegó en secreto al editor londinense Benjamin Motte, que, temiendo problemas, suavizó o recortó los pasajes más arriesgados y publicó la obra de forma anónima en dos volúmenes el 28 de octubre de 1726. El éxito fue inmediato. El poeta John Gay bromeó con que lo leía todo el mundo, desde el consejo de ministros hasta el cuarto de los niños, y Swift dijo que lo había escrito para irritar al mundo más que para entretenerlo. Una versión más fiel a lo que él quería apareció en la edición de George Faulkner, publicada en Dublín en 1735.

Los cuatro viajes, uno por uno

Liliput. Tras un naufragio, Gulliver despierta atado en una playa, prisionero de un pueblo de personas diminutas. Los liliputienses lo acogen, pero desconfían de su tamaño, y pronto se ve que dan una importancia enorme a cosas triviales: el extremo por el que se rompe un huevo cocido ha dividido el país en bandos enemigos. Gulliver los ayuda contra la isla rival de Blefuscu arrastrando toda su flota, pero cae en desgracia cuando se niega a convertir Blefuscu en una provincia. Acusado de traición, entre otras cosas por apagar un incendio del palacio orinando sobre él, es condenado a quedarse ciego; huye a Blefuscu y consigue volver a casa.

Brobdingnag. En el segundo viaje lo abandonan en una tierra donde la hierba es tan alta como un árbol y la gente es gigantesca. Un granjero lo exhibe por dinero y su hija Glumdalclitch lo cuida. Después es vendido a la reina y vive en una caja de viaje hecha a su medida. Cuando le explica con orgullo al rey cómo funcionan la política europea y la pólvora, el monarca no se impresiona: se horroriza. Al final, un águila gigante se lleva la caja y la deja caer al mar.

Laputa y otras islas. Atacado por piratas, Gulliver es rescatado por Laputa, una isla voladora cuyos gobernantes adoran la música, las matemáticas y la astronomía, pero no saben aplicarlas a nada práctico. En la Gran Academia de Lagado, los investigadores intentan extraer rayos de sol de los pepinos o ablandar el mármol para hacer almohadas. En otra isla conversa con los fantasmas de personajes históricos, y en Luggnagg conoce a los struldbrugs, que no mueren nunca pero siguen envejeciendo y a los ochenta años son declarados legalmente muertos.

El país de los Houyhnhnms. Ya como capitán, Gulliver es abandonado por su tripulación amotinada en una tierra gobernada por caballos sensatos y honestos, donde los yahoos, criaturas sucias de forma humana, viven como bestias. Gulliver acaba admirando a los caballos y viendo a todos los humanos como yahoos con un poco de razón. La asamblea de los Houyhnhnms decide que es un peligro y lo expulsa. De vuelta en Inglaterra, apenas soporta a su familia y pasa horas hablando con los caballos de su establo.

Personajes: un narrador demasiado formal

El único personaje constante es el propio Gulliver, un hombre práctico, observador y bastante ingenuo que lo cuenta todo con la misma precisión tranquila. Esa voz plana es el gran truco de Swift: describe absurdos como si fueran normales. Además, su actitud se endurece a lo largo del libro; al principio le sorprenden las intrigas de los liliputienses, pero al final ve en los yahoos un retrato fiel de la humanidad.

Cada país funciona como un espejo distinto. Los liliputienses son orgullosos y mezquinos; el rey de Brobdingnag es un gigante sensato que juzga a Europa con dureza; los laputienses viven tan perdidos en la teoría que no se enteran de lo que pasa a su alrededor; los Houyhnhnms son razonables, pero expulsan a Gulliver sin mucha compasión. Y en casi todos los viajes aparece un amigo: la niña Glumdalclitch en Brobdingnag y, al final, el generoso capitán portugués Pedro de Mendez, que rescata a Gulliver aunque este ya lo considere un yahoo más.

¿Contra qué dispara la sátira?

Los estudiosos suelen señalar tres grandes temas: una visión satírica de los gobiernos europeos y de las pequeñas diferencias entre religiones, la pregunta de si las personas nacen corruptas o se corrompen con el tiempo, y la vieja disputa entre «antiguos» y «modernos». La guerra del huevo es, por tanto, una parodia de las disputas religiosas y políticas que ensangrentaron Europa.

La estructura también está pensada con cuidado. Cada parte invierte la anterior: Gulliver es gigante y luego minúsculo, y los países pasan de complejos a sencillos, de científicos a naturales. Los puntos de vista se reflejan entre sí: Gulliver juzga a los liliputienses como intrigantes y crueles, y después el rey de Brobdingnag juzga a Europa exactamente igual. El episodio de Laputa se burla de la Royal Society y de la ciencia que nunca se pregunta para qué sirve, y la rebelión de la ciudad de Lindalino contra la isla voladora es una alegoría de la protesta irlandesa contra una moneda impuesta desde Gran Bretaña; por eso ese pasaje faltó en las primeras ediciones.

Hay incluso quien lee el libro como una respuesta a Robinson Crusoe, publicado siete años antes: frente al optimismo de Defoe sobre lo que un hombre solo puede construir, Gulliver siempre llega a sociedades ya establecidas, y el capitán que lo invita al tercer viaje se llama, precisamente, Robinson. En cuanto a la misantropía del final, varios críticos modernos sostienen que debe leerse en clave cómica y no como el amargo mensaje personal de Swift.

Su huella, de Borges a los ordenadores

Los viajes de Gulliver sigue siendo uno de los clásicos más famosos de la literatura inglesa y universal, y el libro de un autor irlandés más impreso del mundo. Se ha leído como sátira menipea, cuento infantil, protociencia ficción y precursor de la novela moderna, y se ha adaptado al cine desde una película muda de Georges Méliès de 1902.

Para el lector hispanohablante hay un eco especial: Jorge Luis Borges escribió el cuento «El informe de Brodie» (1970), inspirado, según él mismo, en el último viaje de Gulliver; su narrador describe a unos hombres primitivos a los que llama yahoos. La palabra liliputiense también pasó a muchos idiomas con el sentido de «muy pequeño y delicado». Y la informática tomó de la guerra del huevo los términos big-endian y little-endian, que designan dos formas de ordenar los bytes en la memoria: una elección técnicamente trivial que, aun así, divide los sistemas en bandos incompatibles.

Cómo leerlo hoy

Si solo conoces la versión infantil, vuelve a leer Liliput completo y fíjate en todos los detalles políticos que los libros ilustrados suprimen. Después lee Brobdingnag prestando atención a las conversaciones con el rey, porque ahí Swift da la vuelta al chiste y apunta al lector. Laputa es la parte más fragmentada, así que puedes leerla a trozos, y conviene dejar el viaje a los Houyhnhnms para cuando tengas tiempo de pensar: es el más oscuro y el más discutido. Una edición anotada te ayudará con las alusiones políticas, aunque no hace falta para disfrutar del humor.

Aprende español con Los viajes de Gulliver

Expresión Significado Ejemplo
liliputiense muy pequeño, diminuto Vive en un piso liliputiense.
naufragar hundirse un barco; fracasar un plan El proyecto naufragó por falta de dinero.
ir a la deriva moverse sin rumbo ni control Después del despido, iba a la deriva.
con cara de póquer sin mostrar ninguna emoción Lo dijo con cara de póquer y todos rieron.
caer en desgracia perder el favor de alguien poderoso El ministro cayó en desgracia en un mes.

Practica: Escribe tres frases sobre una discusión absurda que hayas presenciado usando «liliputiense» y «caer en desgracia».

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