¿Cuál es la moraleja del mito de Ícaro? El joven que voló demasiado cerca del sol

Ícaro voló con alas de plumas y cera, subió demasiado y cayó al mar. El mito completo, la doble advertencia de su padre y lo que enseña de verdad.

La moraleja más conocida del mito de Ícaro es una advertencia contra la ambición desmedida y la soberbia: un muchacho que recibió alas de su padre desoyó sus consejos, voló demasiado cerca del sol y cayó al mar cuando la cera que sujetaba las plumas se derritió. Pero la advertencia original tenía dos mitades. Dédalo le dijo a su hijo que no volara demasiado alto, porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo, porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar. Leída así, la lección no es «nunca apuntes alto», sino «busca el camino seguro entre dos peligros».

¿Quién era Ícaro?

En la mitología griega, Ícaro es hijo del arquitecto Dédalo, constructor del laberinto de Creta, y de una esclava llamada Náucrate. Dédalo era un inventor ateniense de enorme talento. Para el rey Minos de Creta construyó el laberinto, junto al palacio de Cnosos, donde se encerraba al Minotauro, un monstruo mitad hombre y mitad toro.

Los problemas empezaron cuando el héroe ateniense Teseo entró en el laberinto, mató al Minotauro y logró salir. Minos creyó que Dédalo había ayudado al darle a su hija Ariadna un ovillo de hilo con el que Teseo encontró la salida. Como castigo, encerró a Dédalo y a su hijo, según las versiones en una alta torre frente al mar o en el propio laberinto.

Cómo se fabricaron las alas

Minos controlaba las aguas y la tierra, así que Dédalo se puso a trabajar en la única salida posible: el aire. Fabricó alas para él y para su hijo uniendo plumas, con hilo las centrales y con cera las laterales, y les dio la suave curvatura de las alas de un pájaro. Mientras su padre trabajaba, Ícaro a veces corría a recoger las plumas que se llevaba el viento o jugaba ablandando la cera, sin saber que estaba tocando su propio destino.

Cuando terminó, Dédalo batió sus alas y se elevó en el aire. Después equipó a su hijo, le enseñó a volar y le dio la famosa advertencia de no subir demasiado ni bajar demasiado. Es un discurso muy práctico: el de un ingeniero que conoce los límites de la máquina que ha construido.

La caída

Padre e hijo pasaron sobre las islas de Samos, Delos y Paros, y entonces el muchacho comenzó a ascender. El sol ardiente ablandó la cera que mantenía unidas las plumas, y estas se despegaron. Ícaro agitó los brazos, pero ya no quedaban plumas suficientes para sostenerlo y cayó al mar.

Su padre lloró y lamentó amargamente su propio ingenio. En memoria de su hijo llamó Icaria a la tierra cercana al lugar de la caída. Hoy el mar cercano se sigue llamando mar Icario. Dédalo llegó a salvo a Sicilia, donde quedó bajo la protección del rey Cócalo, y allí construyó un templo a Apolo en el que colgó sus alas como ofrenda. El inventor sobrevivió, pero su mayor invento le había costado a su hijo.

Otras versiones del mito

La versión de las alas es la famosa, pero no la única. Pausanias cuenta una más prosaica: padre e hijo huyeron de Creta en pequeñas barcas, para lo cual Dédalo inventó la vela, desconocida hasta entonces. Ícaro, navegante torpe, naufragó frente a Samos, y Heracles le dio sepultura en la tierra que desde entonces se llama Icaria. Es posible, pues, que las «alas» fueran al principio velas.

Otra tradición, conservada en antiguos comentarios a las obras de Eurípides, va en sentido contrario: Ícaro se creyó más grande que Helios, el sol, y el dios lo castigó dirigiendo sus rayos contra él para derretir la cera. Aquí la caída es un castigo directo por desafiar a un dios.

El escritor Robert Graves propuso además que el mito podría haber nacido de un antiguo rito en el que se arrojaba desde un risco a una persona vestida con alas de perdiz. Es una hipótesis, no un hecho comprobado, pero muestra cuántas lecturas admite una historia tan breve.

Ícaro en el arte y la literatura

La versión de Ovidio en las Metamorfosis es una de las más extensas y marcó la tradición literaria posterior, desde Chaucer, Marlowe, Shakespeare y Milton hasta James Joyce. En el ayuntamiento de Ámsterdam, Ícaro aparece en la sala del tribunal de quiebras, donde simboliza la ambición que vuela demasiado alto. Difícil imaginar un lugar más apropiado.

El cuadro Paisaje con la caída de Ícaro, atribuido durante mucho tiempo a Pieter Brueghel el Viejo y hoy considerado a menudo una copia temprana de un original perdido, muestra el tema mitológico con figuras pequeñas al fondo, mientras una figura mucho mayor y ajena al mito ocupa el primer plano. Inspiró dos de los poemas en inglés más conocidos del siglo XX, de W. H. Auden y de William Carlos Williams.

Entonces, ¿cuál es la verdadera lección?

La crítica literaria ha leído tradicionalmente el mito como la consecuencia de una ambición excesiva. El psicólogo Henry Murray incluso propuso la expresión «complejo de Ícaro» para un patrón que une el gusto por las alturas y el fuego con una gran ambición.

Otros autores recuerdan la mitad olvidada del consejo. En su libro de 2012 The Icarus Deception, Seth Godin sostuvo que a Ícaro también se le advirtió que no volara bajo, y que volar bajo puede ser incluso más peligroso porque da una falsa sensación de seguridad.

Las dos lecturas caben en la historia original. Dédalo no le pidió a su hijo que se quedara en tierra: le fabricó alas, le enseñó a usarlas y le marcó un límite por arriba y otro por abajo. Ícaro no cayó por volar, sino por olvidar ese límite cuando volar se volvió maravilloso.

Aprende con Ícaro: expresiones en español

Expresión Significado Ejemplo
volar alto tener grandes aspiraciones Esa joven quiere volar alto en su carrera.
subírsele a alguien los humos volverse arrogante Con el éxito se le subieron los humos.
dejarse llevar actuar sin control por la emoción Me dejé llevar y gasté demasiado.
hacer caso a alguien seguir un consejo Debí hacer caso a mi padre.
el término medio la opción equilibrada En la discusión buscaron el término medio.

Practica: Escribe tres frases sobre una vez que te dejaste llevar, usando «hacer caso a alguien» y «el término medio».

Aprende idiomas con Ícaro

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