Globos, submarinos y ochenta días: cómo Julio Verne convirtió la ciencia en aventura
Julio Verne (1828–1905) fue un novelista francés cuyos Viajes extraordinarios mezclaron ciencia real y aventura y marcaron la ciencia ficción.
Julio Verne (1828–1905) fue un novelista, poeta y dramaturgo francés, conocido sobre todo por los Viajes extraordinarios, una serie de novelas de aventuras de enorme éxito que incluye Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en ochenta días. A veces se le llama «el padre de la ciencia ficción», un título que también se ha dado a H. G. Wells y a Hugo Gernsback, porque sus historias tomaban la ciencia y la técnica de su época y las convertían en viajes apasionantes. Además es uno de los autores más traducidos del planeta: desde 1979 ocupa el segundo puesto mundial, por detrás de Agatha Christie y por delante de William Shakespeare.
Un niño junto al Loira
Verne nació el 8 de febrero de 1828 en la isla Feydeau, entonces un pequeño islote del río Loira en la ciudad portuaria de Nantes. Su padre, Pierre, era abogado, y su madre procedía de una familia local de navegantes y armadores. Barcos y agua rodearon su infancia: en unas breves memorias escritas ya de mayor recordaba su fascinación por el río y por los muchos buques mercantes que lo surcaban.
Su primera maestra, viuda de un capitán desaparecido en el mar, contaba a sus alumnos que su marido era un náufrago que algún día volvería como Robinson Crusoe. Esa idea del náufrago —la «robinsonada»— acompañó a Verne toda su vida y reaparece en novelas como La isla misteriosa (1874).
Existe una historia famosa según la cual, a los once años, se escapó para enrolarse como grumete en un barco rumbo a las Indias, y su padre lo alcanzó a tiempo y le hizo prometer que solo viajaría «con la imaginación». Hoy se sabe que esa leyenda fue exagerada, o inventada, por su primera biógrafa, su sobrina, aunque quizá se inspirara en algún incidente real. Es un buen ejemplo de cómo crecieron los mitos alrededor de Verne, y un buen motivo para leer sobre él con cierta cautela.
Estudiante de Derecho, enamorado del teatro
Su padre esperaba que Jules, el hijo mayor, heredara el bufete familiar, y en 1848 lo envió a París a estudiar Derecho. Verne terminó la carrera, pero su corazón estaba en la literatura. Le influyó muchísimo Victor Hugo; contaba que en aquella época podía recitar de memoria páginas enteras de Nuestra Señora de París. En los salones literarios conoció a Alejandro Dumas y se hizo íntimo amigo de su hijo, que le ayudó a estrenar su primera comedia en 1850.
Cuando en 1852 su padre le ofreció el bufete familiar, Verne lo rechazó y le escribió que sabía quién era y lo que podía llegar a ser. Trabajó como secretario de un teatro parisino, escribió óperas cómicas y obras de teatro, y pasó largas horas en la biblioteca investigando sobre ciencia y, sobre todo, geografía.
La «novela de la ciencia»
Sus primeros relatos se publicaron en una revista familiar cuyo director quería explicar geografía, historia y ciencia a un público amplio de forma entretenida. Uno de ellos, «Un viaje en globo» (1851), unía aventura, viajes y una documentación cuidadosa; Verne diría después que fue «la primera señal del tipo de novela que estaba destinado a escribir». Poco a poco fue tomando forma la idea de un nuevo tipo de libro, un roman de la science o «novela de la ciencia», donde pudiera volcar todos los datos que le encantaba reunir.
Mientras tanto, necesitaba dinero. Tras casarse en 1857 con Honorine Morel, una joven viuda, trabajó como agente de bolsa en París. Se levantaba temprano para escribir antes de ir al trabajo y copiaba sus investigaciones en fichas, un sistema que mantuvo toda la vida. Un compañero comentó después que a Verne «se le daban mejor las réplicas ingeniosas que los negocios».
Hetzel y los Viajes extraordinarios
El giro llegó en 1862, cuando Verne mostró al editor Pierre-Jules Hetzel el manuscrito de una historia sobre la travesía de África en globo. Hetzel, que ya publicaba a Balzac, George Sand y Victor Hugo, planeaba una revista familiar que combinara ficción entretenida y educación científica, y vio en Verne al colaborador ideal. Verne revisó el texto en dos semanas, y Cinco semanas en globo se publicó el 31 de enero de 1863.
Hetzel le hizo firmar un contrato a largo plazo: tres volúmenes al año a cambio de una cantidad fija. Desde entonces, la mayoría de sus novelas aparecieron primero por entregas en el Magasin d'Éducation et de Récréation de Hetzel y después como libros. Hetzel anunció que formarían una serie, los Viajes extraordinarios, con el objetivo de resumir de forma amena todo el saber geográfico, geológico, físico y astronómico de la ciencia moderna. Verne lo explicó con más sencillez: «Mi objetivo ha sido describir la Tierra, y no solo la Tierra, sino el universo».
La colaboración no siempre fue fácil. Hetzel le hizo reescribir el final de Las aventuras del capitán Hatteras para que el héroe sobreviviera, y rechazó París en el siglo XX por su visión demasiado sombría de la tecnología; ese libro no se publicó hasta 1994. En Veinte mil leguas de viaje submarino, Verne había imaginado al capitán Nemo como un científico polaco que se vengaba de los rusos. Hetzel, preocupado por el mercado ruso, se opuso, y la solución fue dejar en misterio el pasado de Nemo.
Las grandes novelas
- Viaje al centro de la Tierra (1864): una de sus novelas de más éxito; en 1978 entró en la lista de lecturas de la agrégation, el exigente examen universitario francés.
- De la Tierra a la Luna (1865): el viaje lunar cuya nave, como recordarían los astronautas del Apolo 11, despegaba de Florida y caía en el Pacífico.
- Veinte mil leguas de viaje submarino (1869–1870): los viajes del misterioso capitán Nemo bajo el mar.
- La vuelta al mundo en ochenta días (1872): el meticuloso caballero inglés Phileas Fogg apuesta 20.000 libras, la mitad de su fortuna, a que puede dar la vuelta al mundo en 80 días junto a su nuevo criado francés, Passepartout.
Esta última apareció primero en el periódico Le Temps en 1872, y buena parte de la riqueza de Verne procedió de su adaptación teatral, de enorme éxito, y de la versión escénica de Miguel Strogoff.
¿Era de verdad un profeta?
Se repite a menudo que Verne «predijo» submarinos, viajes a la Luna y mucho más. Los especialistas actuales consideran que esas afirmaciones están muy exageradas, y el propio Verne negaba ser un profeta: decía que cualquier relación entre sus libros y los inventos posteriores era «pura coincidencia» y que su precisión venía de la investigación, porque tomaba notas de cada libro, periódico o informe científico que caía en sus manos. Llegó a afirmar: «No he inventado nada», y aseguraba que su verdadera meta era un alto ideal de belleza de estilo.
Por eso el título de «padre de la ciencia ficción» es discutido: también se cita como fundadores del género a autores anteriores como Luciano de Samósata, Voltaire o Mary Shelley. Pero la enorme influencia de Verne en el desarrollo de la ciencia ficción está fuera de toda duda.
Últimos años y una reputación recuperada
En 1886, su sobrino Gaston, que pasó el resto de su vida en un asilo, le disparó en una pierna y lo dejó cojo para siempre. Tras la muerte de su madre y de Hetzel, fallecido ese mismo año, sus libros se volvieron más sombríos. Fue concejal de Amiens durante quince años y allí murió el 24 de marzo de 1905. Su hijo Michel publicó después varias novelas póstumas, pero se descubrió que las había modificado profundamente.
En vida, muchos críticos lo despreciaron como un simple autor popular, y nunca fue admitido en la Academia Francesa, un desaire que le dolió mucho. En los países de habla inglesa su imagen sufrió además por traducciones apresuradas y muy recortadas, dirigidas a niños. En las décadas de 1960 y 1970, estudiosos y escritores franceses como Roland Barthes lo reivindicaron como un artista literario serio.
Por qué sigue importando
Científicos y exploradores como Yuri Gagarin, Konstantín Tsiolkovski y Wernher von Braun reconocieron a Verne como inspiración, y se le atribuye haber ayudado a inspirar el steampunk. En 1969, durante el regreso del Apolo 11 desde la Luna, Neil Armstrong mencionó en una emisión de televisión el libro de Verne sobre un viaje a la Luna. Ray Bradbury lo resumió así: «Todos somos, de una u otra forma, hijos de Julio Verne». Para quien aprende francés, sus novelas son una puerta excelente: la trama avanza rápido y el vocabulario de viajes y ciencia resulta muy útil.
Aprende francés con Julio Verne
| Expresión | Significado | Ejemplo |
|---|---|---|
| faire le tour du monde | dar la vuelta al mundo | Elle rêve de faire le tour du monde. (Sueña con dar la vuelta al mundo.) |
| un voyage extraordinaire | un viaje extraordinario | Ce fut un voyage extraordinaire. (Fue un viaje extraordinario.) |
| sous les mers | bajo los mares | Le Nautilus voyage sous les mers. (El Nautilus viaja bajo los mares.) |
| de la Terre à la Lune | de la Tierra a la Luna | Un voyage de la Terre à la Lune. (Un viaje de la Tierra a la Luna.) |
| en ballon | en globo | Ils traversent l'Afrique en ballon. (Cruzan África en globo.) |
Practica: escribe dos frases en francés sobre un viaje que te gustaría hacer, usando «faire le tour du monde» o «un voyage extraordinaire».