¿Qué significa «pienso, luego existo»? Descartes y el arte de dudar de todo
«Pienso, luego existo» es la única verdad que Descartes no pudo poner en duda. Qué quiere decir, de dónde sale y quién fue el hombre detrás de la frase.
«Pienso, luego existo» significa que, aunque todo lo demás fuera una ilusión, el simple hecho de estar dudando demuestra que existe alguien que duda. Es la respuesta de René Descartes a una pregunta radical: ¿hay algo que yo pueda saber con total certeza? La frase apareció primero en francés, «Je pense, donc je suis», en el Discurso del método de 1637, y solo después se hizo célebre en latín como cogito, ergo sum. Sobre esa única certeza Descartes intentó reconstruir todo el conocimiento humano.
Suena muy abstracto, pero detrás de la frase hay un soldado, un viajero, el matemático que inventó la cuadrícula de los gráficos y un autor que decidió escribir para la gente común. Vamos por partes.
Un niño de Turena que creció sin madre
Descartes nació el 31 de marzo de 1596 en La Haye en Touraine, un pueblo francés que hoy se llama, precisamente, Descartes. Su madre, Jeanne Brochard, murió en mayo de 1597, pocos días después de dar a luz a un bebé que nació muerto. René tenía apenas un año. Su padre, Joachim, era miembro del Parlamento de Rennes, uno de los altos tribunales regionales.
Hacia 1607 entró en el colegio jesuita de La Flèche, donde descubrió las matemáticas y la física. Allí se enseñaba la filosofía de Aristóteles, la que dominaba las universidades europeas desde hacía siglos. Descartes dedicaría buena parte de su vida adulta a sustituirla. Para complacer a su padre, estudió Derecho en Poitiers y se graduó en 1616, aunque nunca ejerció.
Soldado, amigo y tres sueños extraños
En vez de un tribunal, eligió el ejército. En 1618 se alistó en las tropas protestantes de las Provincias Unidas, en Breda, bajo Mauricio de Nassau, y estudió ingeniería militar. En Breda conoció a Isaac Beeckman, un maestro neerlandés con quien se lanzó a la «físico-matemática», la idea de que la naturaleza puede describirse con números.
Luego llegó una noche decisiva. Según su biógrafo Adrien Baillet, entre el 10 y el 11 de noviembre de 1619, estando acuartelado en Neuburg an der Donau, en Alemania, Descartes tuvo tres sueños que interpretó como una señal para fundar una nueva filosofía. Los detalles proceden de un relato posterior, así que conviene leerlos como la historia que Descartes contaba de sí mismo. Pero la decisión fue real: reformar todo el saber, empezando por la filosofía.
Veinte años en los Países Bajos
En 1628 se instaló en la República Neerlandesa, entonces uno de los lugares más tolerantes de Europa. Se matriculó en la Universidad de Franeker en 1629 y después en Leiden. Cambiaba de casa a menudo y cuidaba mucho su intimidad.
En 1635, en Deventer, una sirvienta llamada Helena Jans van der Strom dio a luz a su hija Francine. La niña murió de escarlatina a los cinco años.
El libro que prefirió guardar
A principios de la década de 1630 llevaba unos cuatro años con un gran tratado de física, El mundo. En 1633 supo que la Inquisición había condenado a Galileo y abandonó el proyecto.
Esa prudencia cambió su camino. En lugar de empezar por la física, empezó por la pregunta previa: ¿cómo podemos saber algo? En 1637 publicó de forma anónima y en francés el Discurso del método, acompañado de tres ensayos sobre óptica, meteorología y geometría. Escribir en francés y no en latín era toda una declaración: quería lectores cultos, no solo profesores.
Cómo funciona la duda metódica
La idea es fácil de explicar y difícil de practicar: tratar como falsa cualquier creencia que admita la más mínima duda, y ver si algo sobrevive. En las Meditaciones metafísicas (1641) lo hace por etapas:
- Los sentidos a veces engañan. Una torre que de lejos parece redonda resulta ser cuadrada.
- El argumento del sueño. Mientras soñamos, estamos convencidos de estar despiertos. ¿Cómo sé que ahora no sueño?
- El genio maligno. Supongamos un engañador poderoso que me confunde en todo, incluso en que dos más tres son cinco.
Descartes no creía que nada de esto ocurriera de verdad. Era una herramienta, y advirtió que una duda tan radical debía hacerse una sola vez en la vida.
Lo único que la duda no puede tocar
Aquí está el giro. Aunque un genio maligno me engañe en todo, tiene que haber un «yo» al que engañar. Si dudo, pienso; si pienso, existo. En la segunda meditación esa es la primera verdad cierta, la que resumimos como «pienso, luego existo».
Ojo con lo que la frase no dice: no demuestra que tenga cuerpo, que existan otras personas ni que el mundo sea real. Solo prueba que existe una cosa que piensa mientras piensa. Desde ahí Descartes fijó una regla: lo que se percibe con total claridad y distinción es verdadero. Después argumentó que un Dios perfecto no nos engañaría, y así recuperó la confianza en las matemáticas y en el mundo físico. Sus críticos, como Antoine Arnauld, señalaron enseguida el llamado «círculo cartesiano»: usa la percepción clara para probar a Dios y luego usa a Dios para garantizar la percepción clara.
Mente, cuerpo y una princesa muy lista
De ahí nace el dualismo cartesiano: la esencia de la mente es pensar y la de la materia es ocupar espacio, así que son dos sustancias distintas. Descartes propuso incluso un punto de contacto entre ambas: la glándula pineal.
Su crítica más aguda vino de la princesa Isabel de Bohemia, que le preguntó cómo algo sin tamaño ni lugar podía mover un cuerpo. Descartes reconoció que no tenía una buena respuesta. Le dedicó los Principios de la filosofía (1644) y Las pasiones del alma (1649).
La cuadrícula de tu cuaderno y el frío de Estocolmo
Cada vez que marcas un punto (x, y) usas a Descartes: el sistema de coordenadas cartesianas lleva su nombre y se le considera padre de la geometría analítica.
En 1649 la reina Cristina de Suecia lo invitó a Estocolmo para darle clases y fundar una academia. Llegó en pleno invierno, no congeniaron y a mediados de enero de 1650 apenas se habían visto cuatro o cinco veces. Murió allí el 11 de febrero de 1650, a los 53 años; la versión habitual habla de neumonía, aunque se han propuesto otras causas.
Aprende con Descartes: cinco expresiones para pensar con claridad
Si estudias español, estas expresiones te sirven para argumentar como un buen cartesiano:
| Expresión | Qué significa | Ejemplo |
|---|---|---|
| poner en duda | dudar de que algo sea cierto | Los nuevos datos ponen en duda la teoría. |
| sin lugar a dudas | con total seguridad | Sin lugar a dudas, es su mejor libro. |
| partir de cero | empezar desde el principio | Borramos el borrador y partimos de cero. |
| de ahí que (+ subjuntivo) | por esa razón | Llovía mucho; de ahí que llegáramos tarde. |
| dar por sentado | suponer algo sin comprobarlo | No des por sentado que lo sabe. |
Practica: elige una creencia tuya sobre el español, por ejemplo «el subjuntivo es imposible». Escribe una frase que la ponga en duda, una prueba a favor o en contra y una conclusión que empiece con «De ahí que…». Es el método de Descartes en miniatura.