¿Por qué condenaron a muerte a Sócrates? El filósofo que no escribió nada

¿Por qué condenaron a muerte a Sócrates? El filósofo que no escribió nada

Sócrates nunca escribió un libro, pero sus preguntas incomodaron tanto a Atenas que en el 399 a. C. lo condenaron a beber cicuta. Vida, método y juicio.

Sócrates fue un filósofo ateniense que vivió aproximadamente entre el 470 y el 399 a. C. y al que se considera uno de los fundadores de la filosofía occidental, aunque nunca escribió una sola obra. En el año 399 a. C., un jurado de ciudadanos atenienses lo declaró culpable de impiedad y de corromper a los jóvenes, y murió tras beber cicuta. Esa es la respuesta corta. La larga es más interesante: durante décadas se dedicó a demostrar en público que los atenienses más respetados no sabían lo que creían saber, y lo hizo en una ciudad herida por la guerra que buscaba culpables.

Hijo de un cantero y de una partera

Sócrates nació en el demo ateniense de Alopece. Su padre, Sofronisco, trabajaba la piedra, y su madre, Fenáreta, era partera. Él mismo bromeaba con que ejercía el oficio de su madre: no daba a luz ideas propias, sino que ayudaba a los demás a «parir» las suyas. De ahí viene el nombre de mayéutica, el arte de la partera, que todavía se usa para hablar de su forma de enseñar.

No fue un sabio encerrado en una torre. Sirvió como hoplita, es decir, soldado de infantería pesada, durante la guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta. Según Platón, combatió en Potidea, participó en la retirada de Delio y estuvo en Anfípolis en el 422 a. C. Sus compañeros lo recordaban resistente al frío y sereno en los momentos difíciles.

Se casó con Jantipa cuando ya tenía más de cincuenta años y tuvieron tres hijos. La tradición posterior convirtió a Jantipa en el ejemplo de esposa de mal carácter, pero esa imagen procede de anécdotas que no podemos comprobar.

El gran problema: todo lo sabemos de segunda mano

Como Sócrates no dejó escritos, todo lo que sabemos procede de otras personas, y esas fuentes no siempre coinciden. Los especialistas llaman a esto el «problema socrático».

  • Platón, su discípulo más famoso, lo convirtió en protagonista de decenas de diálogos. Era tan buen escritor que muchas veces no se sabe dónde termina Sócrates y empieza Platón.
  • Jenofonte, otro discípulo, describe a un Sócrates más práctico, que da consejos sensatos.
  • Aristófanes, autor de comedias, se burló de él en Las nubes, donde aparece colgado en una cesta enseñando trucos retóricos.
  • Aristóteles nació después de su muerte, así que cuenta lo que oyó, no lo que vio.

Por eso, cuando se dice «Sócrates pensaba que…», casi siempre se quiere decir «el Sócrates de los primeros diálogos de Platón pensaba que…».

Su oficio: hacer preguntas

Sócrates no tenía escuela ni cobraba por enseñar. Paseaba por Atenas, sobre todo por el ágora, y conversaba con gente convencida de entender algo importante: un general que sabía qué era el valor, un sacerdote que sabía qué era la piedad, un político que sabía qué era la justicia.

Su herramienta favorita era un tipo de interrogatorio que los estudiosos llaman elenchos, es decir, refutación. Funcionaba más o menos así:

  1. Pedir una definición: «¿Qué es el valor?»
  2. Aceptarla de momento: «Valor es no retroceder en la batalla».
  3. Hacer preguntas que saquen a la luz otras creencias del interlocutor: «¿Y el soldado que retrocede a propósito para ganar la batalla es un cobarde?»
  4. Mostrar que la definición choca con esas creencias.
  5. Terminar, muchas veces, sin respuesta definitiva, pero con el interlocutor consciente de su propia ignorancia.

Ese final abierto era justamente el objetivo. La famosa frase «solo sé que no sé nada» resume esta actitud, aunque no es una cita literal: se basa en un pasaje de la Apología de Platón.

El oráculo de Delfos

En la Apología, Sócrates cuenta que su amigo Querefonte consultó el oráculo de Apolo en Delfos y que él entendió la respuesta como una misión. Según el relato de Platón, el oráculo dijo que nadie era más sabio que Sócrates. Él, desconcertado, salió a buscar a alguien más sabio para demostrar que el dios se equivocaba, y descubrió una y otra vez que los expertos tampoco sabían lo que decían saber. Su única ventaja, concluyó, era no fingir.

Dos veces dijo que no

En el 406 a. C., tras la batalla naval de las Arginusas, la asamblea quiso juzgar juntos a varios generales y condenarlos en una sola votación, algo contrario a la ley. Sócrates formaba parte ese día del comité que presidía la asamblea y fue el único que se mantuvo firme en defensa de la ley.

Poco después, cuando gobernaban los llamados Treinta Tiranos, le ordenaron a él y a otros cuatro detener a León de Salamina para ejecutarlo. Los otros cuatro obedecieron; Sócrates se fue a su casa. Algunos han visto en ese gesto un temprano acto de desobediencia civil.

El juicio del 399 a. C.

La acusación la presentaron Meleto, que inició el proceso, junto con Ánito y Licón. Los cargos eran impiedad y corrupción de la juventud. Lo juzgó un jurado de cientos de ciudadanos varones y el proceso duró casi todo un día. Pesaba también la memoria reciente: algunos de sus antiguos acompañantes, como Alcibíades o Critias, eran vistos como traidores.

Sócrates no suplicó ni llevó a sus hijos llorando ante el tribunal. En la Apología (en griego, apología significa «discurso de defensa», no «disculpa») se comparó con un tábano que pica a un caballo grande y perezoso para mantenerlo despierto. Declarado culpable, propuso con ironía que lo alimentaran gratis a costa del Estado y después ofreció pagar una multa. El jurado eligió la muerte. Fue entonces cuando, según Platón, afirmó que una vida sin examen no merece ser vivida.

La cicuta

Sus amigos le ofrecieron escapar de la cárcel; en el Critón se niega, porque desobedecer las leyes de su ciudad le parecía injusto aunque la sentencia lo fuera. Murió al beber cicuta, y según el Fedón sus últimas palabras fueron: «Critón, le debemos un gallo a Asclepio».

Aprende con Sócrates: cinco expresiones en español

Expresión Significado Ejemplo
poner en tela de juicio dudar de algo, cuestionarlo Puso en tela de juicio todo lo que creíamos saber.
mantenerse firme no ceder ante la presión Se mantuvo firme aunque todos estaban en contra.
dar su brazo a torcer ceder, cambiar de opinión Sócrates nunca dio su brazo a torcer.
a costa de pagado por otro o con perjuicio de algo Propuso comer a costa del Estado.
saber de buena tinta saber algo por una fuente fiable Lo sé de buena tinta: el juicio fue en el 399 a. C.

Ejercicio: responde en tres frases a una pregunta socrática: «¿Qué es un buen amigo?». Escribe tu primera definición, hazte una pregunta que la ponga en tela de juicio y escribe una versión mejor. Es exactamente lo que hacía Sócrates, y además es una forma excelente de practicar un idioma.

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