¿Quién fue Vlad el Empalador y por qué lo llamaban Drácula?

Vlad III de Valaquia ya firmaba como «Drakulya» en el siglo XV. Te contamos quién fue, qué hizo y qué tiene que ver con el vampiro de Bram Stoker.

Vlad III, conocido como Vlad el Empalador, fue un príncipe (voivoda) de Valaquia, en la actual Rumanía, que gobernó tres veces en el siglo XV: en 1448, entre 1456 y 1462, y brevemente en 1476. Lo llamaban Drácula porque su padre era Vlad Dracul, «Vlad el Dragón», y él mismo firmaba algunas cartas como «Drakulya». Fue un gobernante brutal que combatió al Imperio otomano, pero no fue un vampiro: el conde Drácula es un personaje de novela creado por Bram Stoker en 1897, y las notas de trabajo de Stoker ni siquiera mencionan al príncipe histórico.

Un nombre heredado de un dragón

Todo empieza con el padre. Vlad II fue admitido en la Orden del Dragón, una hermandad caballeresca fundada en 1408 por Segismundo de Luxemburgo, rey de Hungría, para frenar el avance otomano en Europa. Por eso lo llamaron Dracul. «Drácula» es una forma eslava que significa «hijo de Dracul», es decir, «hijo del Dragón».

El nombre tenía además un doble sentido inquietante. En rumano moderno, dracul significa «el diablo», y esa coincidencia ayudó a construir la fama demoníaca del hijo. Ya en el siglo XV los informes diplomáticos lo llamaban Dracula, Dracuglia o Drakula, mucho antes de que existieran los vampiros literarios.

Rehén de los otomanos

Vlad nació probablemente entre 1428 y 1431, seguramente en Transilvania. El historiador Radu Florescu sitúa su nacimiento en Sighișoara, una ciudad sajona de la actual Rumanía. Su padre se convirtió en príncipe de Valaquia, un territorio al norte del Danubio atrapado entre el reino de Hungría y un Imperio otomano en plena expansión.

En 1442 el sultán Murad II exigió al padre una prueba de lealtad. El padre quedó libre, pero Vlad y su hermano menor, Radu, se quedaron como rehenes en la fortaleza de Eğrigöz. Cuando el padre apoyó una cruzada contra los otomanos, la vida de los chicos corrió peligro, aunque ninguno de los dos sufrió daño. Con el tiempo, Radu se puso del lado otomano y los dos hermanos terminaron disputándose el mismo trono.

En 1447 Juan Hunyadi, regente de Hungría, invadió Valaquia. El padre de Vlad y su hermano mayor, Mircea, fueron asesinados, y Hunyadi colocó en el trono a un pariente rival, Vladislav II. El primer intento de Vlad por recuperar el poder, en 1448 y con ayuda otomana, duró apenas unas semanas.

El segundo reinado: poder y terror

El reinado que lo hizo famoso empezó en 1456, cuando regresó con apoyo húngaro y mató a Vladislav II. Después lanzó una purga contra los boyardos, los nobles terratenientes a quienes culpaba de la muerte de su padre o sospechaba de conspirar. El cronista bizantino Laonikos Chalkokondyles escribió que Vlad «revolucionó por completo» Valaquia al entregar los bienes de sus víctimas a sus fieles. Las listas del consejo del príncipe lo confirman: solo dos consejeros conservaron su puesto entre 1457 y 1461.

También chocó con los sajones de Transilvania, comerciantes de lengua alemana de Brașov y Sibiu que daban refugio a sus rivales. Vlad saqueó sus aldeas, llevó cautivos a Valaquia y los hizo empalar, el castigo del que salió su apodo. Hacia 1500, el escritor otomano Tursun Beg lo llamaba Kazıklı Voyvoda, «el señor empalador», y en Rumanía todavía se le conoce como Vlad Țepeș.

El ataque nocturno contra Mehmed II

El episodio más célebre llegó en 1462. El sultán Mehmed II, el conquistador de Constantinopla, le ordenó presentarse en persona para rendirle homenaje. Vlad capturó y ejecutó a los enviados del sultán, cruzó el Danubio y arrasó territorio otomano. En una carta al rey de Hungría afirmó que habían muerto más de 23.884 turcos y búlgaros durante la campaña.

Mehmed respondió con un ejército gigantesco. Superado en número, Vlad quemó los campos mientras se retiraba, y en la noche del 16 al 17 de junio de 1462 irrumpió en el campamento otomano cerca de Târgoviște con la idea de capturar o matar al sultán. Sus hombres no encontraron la tienda de Mehmed, atacaron las de dos visires y se retiraron al amanecer.

Cuando el sultán llegó a Târgoviște, la ciudad estaba vacía. Según Chalkokondyles, los otomanos encontraron un «bosque de empalados», miles de estacas con cuerpos de ejecutados. La cifra de unos veinte mil muertos que da el cronista es un relato de la época, no un recuento comprobado, pero esa imagen quedó grabada para siempre en su leyenda.

Prisión, regreso y muerte

El sultán acabó retirándose, pero muchos valacos abandonaron a Vlad y se pasaron a Radu. Vlad buscó ayuda en Matías Corvino, rey de Hungría, que en lugar de ayudarle lo encarceló. Para justificarlo ante el papa y Venecia, Corvino presentó unas cartas en las que Vlad supuestamente ofrecía aliarse con el sultán; la mayoría de los historiadores cree que eran falsificaciones.

Pasó cautivo en Visegrado de 1463 a 1475. Lo liberaron a petición de Esteban III de Moldavia, luchó contra los otomanos en Bosnia en 1476 y, con ayuda húngara y moldava, recuperó Valaquia en noviembre de ese año. Le duró poco: su rival Basarab Laiotă volvió con tropas otomanas y Vlad murió en combate cerca de Snagov, a finales de diciembre de 1476 o principios de enero de 1477.

De príncipe a monstruo de imprenta

Las historias sobre su crueldad circularon ya en vida, y los cortesanos de Corvino las difundieron tras su arresto. Panfletos alemanes impresos antes de 1480, con grabados espantosos en la portada, lo pintaban peor que Calígula o Nerón, y se convirtieron en algunos de los primeros «superventas» de la imprenta. Los historiadores los leen con cautela: venían de los sajones, sus enemigos, y sus actos brutales muy probablemente fueron exagerados o incluso inventados.

Algunas anécdotas son pura leyenda. Que mojaba el pan en la sangre de sus víctimas nunca se ha confirmado. Los manuscritos rusos, en cambio, contaban una versión distinta, mezcla de hechos y ficción, en la que sus castigos traían orden: según una leyenda, dejó una copa de oro junto a una fuente y nadie se atrevió a robarla.

Entonces, ¿Vlad inspiró al conde Drácula?

La novela Drácula de Bram Stoker se publicó en 1897, y durante mucho tiempo se dijo que Vlad había sido su inspiración. Los estudios recientes son más escépticos. Stoker encontró el nombre en una historia de Valaquia y Moldavia y lo eligió porque creía que significaba «diablo». En casi todos sus borradores el villano se llamaba «Count Wampyr», y la investigadora Elizabeth Miller sostiene que Stoker sabía muy poco del príncipe.

La respuesta honesta, por tanto, es que el vampiro tomó prestado el apodo de un príncipe real, no su biografía. En Rumanía, además, Vlad se recuerda de otra manera: hay quien lo ve como un héroe popular por haber resistido a los otomanos, y leyendas locales lo vinculan con lugares como el castillo de Poenari.

Aprende español con Vlad: expresiones sobre miedo y fama

Expresión Significado Ejemplo
gobernar con mano de hierro mandar con mucha dureza Vlad gobernó Valaquia con mano de hierro.
ponerse los pelos de punta sentir mucho miedo Esos grabados me ponen los pelos de punta.
tomar algo con pinzas no creerlo del todo Hay que tomar los panfletos alemanes con pinzas.
tener mala fama ser conocido por algo negativo Vlad tenía mala fama entre los sajones.
pasar a la historia ser recordado para siempre El ataque nocturno pasó a la historia.

Practica: Escribe tres frases en español comparando al Vlad real con el conde Drácula. Usa «con mano de hierro» y «tomar con pinzas» al menos una vez.

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