Los hermanos Karamázov: un parricidio, tres hijos y la gran pregunta sobre Dios

Los hermanos Karamázov (1879–1880), última novela de Dostoievski, une un parricidio y debates sobre fe, libertad y culpa. Trama, personajes y temas.

En Los hermanos Karamázov, al padre, Fiódor Pávlovich Karamázov, lo mata Smerdiakov, el criado al que todos consideran su hijo ilegítimo; sin embargo, quien acaba detenido, juzgado y condenado es el hijo mayor, Dmitri, mientras que el hermano mediano, Iván, se pregunta si sus propias ideas hicieron posible el crimen. Esa es la clave de la decimosexta y última novela de Fiódor Dostoievski, publicada por entregas en El Mensajero Ruso entre enero de 1879 y noviembre de 1880 y considerada una de las cumbres de la literatura universal. Es a la vez una historia policiaca, un drama familiar y una larga discusión sobre Dios, la libertad y la responsabilidad. Aviso: aquí se revela todo el argumento.

La última palabra de Dostoievski

Dostoievski está considerado uno de los grandes novelistas de la literatura rusa y universal; entre sus obras anteriores figuran Crimen y castigo, El idiota y Los demonios. Dedicó casi dos años a escribir Los hermanos Karamázov y murió menos de cuatro meses después de su publicación. Tenía prevista una continuación centrada en el hermano menor, pero nunca llegó a escribirla.

La novela nació de proyectos anteriores, como La vida de un gran pecador, y también de una pérdida. En mayo de 1878 murió de epilepsia Aliosha, el hijo de tres años del escritor, una enfermedad heredada de su padre. Dostoievski llamó Aliosha a su joven héroe, y su dolor se percibe también en la historia del pobre capitán Sneguiriov y su hijo enfermo, Iliusha. Tras esa muerte visitó el monasterio de Óptina, que inspiró las escenas monásticas y la figura del stárets Zósima. Buena parte del libro se escribió en Stáraya Russa, la pequeña ciudad que sirvió de modelo para el escenario.

Un comienzo con una semilla

La novela se abre con un versículo del Evangelio de Juan: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. Esa imagen de una muerte que produce vida vuelve una y otra vez. La historia la cuenta un narrador conversador que se presenta como escritor y que, ya en el primer capítulo, señala a Aliosha, el hermano menor, como el héroe de la novela. Ese narrador opina, duda y recoge rumores, hasta el punto de convertirse casi en un personaje más.

La familia Karamázov

Fiódor Pávlovich, el padre, es un terrateniente rico, codicioso y vulgar a propósito, que descuidó a todos sus hijos, de modo que crecieron lejos de él y unos de otros. Dmitri, o Mitia, el mayor, es un exoficial apasionado que bebe, derrocha y cree que su padre le retiene la herencia. Está prometido con la orgullosa Katerina Ivánovna, pero se enamora de Grúshenka, una joven a la que también desea su padre.

Iván, el mediano, es reservado y brillante, escribe artículos y duda de la religión. Su idea de que «si Dios no existe, todo está permitido» recorre el libro entero. Aliosha, el menor, es novicio en el monasterio local y un pacificador al que casi todos quieren. Luego está Smerdiakov, el criado epiléptico que todo el mundo considera hijo ilegítimo del padre. Alrededor se mueven Grúshenka, apasionada e independiente; Katerina, que quiere comportarse como una mártir noble; y el anciano Zósima, guía espiritual de Aliosha.

El argumento (con spoilers)

Dmitri y su padre se pelean por dinero y por Grúshenka. Además, Dmitri le debe a Katerina tres mil rublos que ya se ha gastado. Una reunión familiar en el monasterio, pensada para que Zósima medie, termina en escándalo por las payasadas deliberadas del padre, y más tarde Dmitri irrumpe en la casa paterna, agrede al viejo y amenaza con volver para matarlo.

En los días siguientes Iván le explica a Aliosha por qué no puede aceptar un mundo construido sobre el sufrimiento de los niños y le recita su poema en prosa «El Gran Inquisidor». Poco después muere Zósima. Todos esperan que el cuerpo de un santo resista la corrupción, pero se descompone deprisa; el escándalo sume a Aliosha en una crisis de fe de la que sale renovado.

Una noche Dmitri, desesperado por devolver el dinero a Katerina y marcharse con Grúshenka, va a casa de su padre con una mano de mortero de latón. La narración se detiene en la ventana. Lo siguiente que vemos es a Dmitri huyendo y golpeando al viejo criado Grigori, que intenta detenerlo. Después sigue a Grúshenka hasta un pueblo cercano, gasta sin control en una noche de juerga, obtiene de ella una declaración de amor y, al amanecer, la policía lo detiene por el asesinato de su padre y el robo de tres mil rublos. Las pruebas parecen aplastantes, porque la única otra persona en la casa era Smerdiakov, supuestamente incapacitado por un ataque.

Iván visita a Smerdiakov tres veces. En la última, el criado confiesa que fingió el ataque, mató al padre y se llevó el dinero, e insiste en que Iván fue su cómplice: se fue de la casa y le enseñó que sin Dios todo está permitido. Iván, ya con fiebre, sufre una alucinación en la que el diablo se le aparece como un caballero venido a menos, y Aliosha la interrumpe con la noticia de que Smerdiakov se ha quitado la vida. En el juicio nadie cree a Iván, Katerina presenta una carta en la que Dmitri, borracho, amenazaba con matar a su padre, y Dmitri es condenado a veinte años de trabajos forzados en Siberia. La novela no termina en el tribunal, sino en el entierro del niño Iliusha, donde Aliosha pide a un grupo de escolares que conserven vivo el recuerdo de su amigo.

El Gran Inquisidor y las grandes preguntas

Los capítulos más célebres son de Iván. En «Rebelión» sostiene que ninguna armonía futura puede justificar el sufrimiento de un niño inocente, y por eso «devuelve respetuosamente la entrada» a Dios. En «El Gran Inquisidor», un cardenal de la Inquisición española detiene a Cristo, que ha vuelto a la tierra, y lo acusa de haber cargado a la humanidad con el peso de la libertad. Es uno de los pasajes más conocidos de la literatura moderna precisamente porque deja abiertas sus preguntas sobre la libertad y el poder.

Dostoievski concibió el libro siguiente, «Un monje ruso», centrado en la vida y las enseñanzas de Zósima, como respuesta: amor activo, renuncia a juzgar a los demás y una idea del infierno como el sufrimiento de no poder amar. La crítica señala además que en la novela no hay una voz de autoridad única: cada personaje habla con su propio estilo y el lector tiene que sopesar los argumentos.

Por qué sigue importando

La lista de admiradores impresiona: Albert Einstein, Ludwig Wittgenstein, Martin Heidegger, Virginia Woolf, Franz Kafka y Haruki Murakami. Freud la llamó la novela más magnífica jamás escrita, y la rebelión de Iván se volvió un punto de referencia para Albert Camus. No todos estuvieron de acuerdo: Henry James, Nabokov y D. H. Lawrence fueron críticos, y Chaikovski dijo que Dostoievski era un genio, pero antipático.

Si ya leíste Crimen y castigo, reconocerás la fiebre, los diálogos largos y la presión moral; aquí, además, hay comedia, un drama judicial y una historia de niños. Un consejo práctico: casi todos tienen varios nombres. Dmitri es Mitia, Alexéi es Aliosha y Agrafena es Grúshenka. Con eso claro, la multitud se convierte en familia.

Aprende español con Los hermanos Karamázov

Expresión Significado Ejemplo
todo está permitido no hay límites morales Para Iván, sin Dios todo está permitido.
pruebas circunstanciales indicios que sugieren culpa sin probarla Lo condenaron por pruebas circunstanciales.
hacerse el payaso comportarse de forma ridícula a propósito El padre se hizo el payaso en el monasterio.
una crisis de fe una etapa de dudas profundas Aliosha pasó por una crisis de fe.
tirar la casa por la ventana gastar sin medida Dmitri tiró la casa por la ventana esa noche.

Practica: Escribe tres frases en español sobre una novela policiaca que conozcas usando «pruebas circunstanciales» y «tirar la casa por la ventana».

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