«El cascanueces» de Chaikovski: del estreno decepcionante de 1892 al clásico de cada Navidad

El cascanueces de Chaikovski no triunfó en su estreno de 1892. La suite y las versiones de San Francisco (1944) y Balanchine (1954) lo hicieron navideño.

El cascanueces es un ballet en dos actos de Piotr Ilich Chaikovski, estrenado en San Petersburgo en 1892, cuya historia transcurre en Nochebuena; hoy es la obra que muchas compañías de ballet representan cada diciembre. Sin embargo, su estreno no se consideró un éxito, y durante décadas se representó mucho menos que otros ballets del compositor. Su historia es la de una obra que encontró a su público poco a poco: primero con una suite de concierto, después con montajes estadounidenses que lo convirtieron en tradición navideña.

Un encargo después de «La bella durmiente»

En 1890 La bella durmiente había sido un gran éxito. Iván Vsévolozhski, director de los Teatros Imperiales, quiso repetirlo y encargó un programa doble: una ópera, Iolanta, y un ballet para la misma velada. Chaikovski volvió a trabajar con el coreógrafo Marius Petipa, su colaborador en La bella durmiente.

El ballet se concibió como un ballet-féerie, un espectáculo de cuento de hadas lleno de magia y transformaciones. Curiosamente, el propio Chaikovski estaba menos satisfecho con esta obra que con La bella durmiente y aceptó el encargo sin gran entusiasmo. Es una de esas ironías de la historia de la música: la partitura que menos le convencía acabaría siendo una de las más escuchadas.

De Hoffmann a Dumas

La historia procede del cuento de E. T. A. Hoffmann El cascanueces y el rey de los ratones (1816), pero el ballet se basó en la adaptación francesa de Alejandro Dumas de 1844, Historia de un cascanueces. Aun así, el argumento se simplificó mucho. Se suprimió el largo relato intercalado, «El cuento de la nuez dura», que explica cómo el príncipe se convirtió en cascanueces.

Petipa dio a Chaikovski instrucciones minuciosas para cada número, con el tempo y el número de compases. El trabajo se interrumpió cuando el compositor viajó unos veinticinco días a Estados Unidos para dirigir en la inauguración del Carnegie Hall, y parte de la partitura la escribió en Ruan, en Francia.

La suite que llegó antes

Antes de que se estrenara el ballet, Chaikovski eligió ocho números para una pieza de concierto, la Suite de El cascanueces, op. 71a. Se interpretó por primera vez el 19 de marzo de 1892 en San Petersburgo y casi todos los números se bisaron. La suite fue popular en las salas de concierto mucho antes que el ballet completo, y más tarde llegó a millones de personas a través de Fantasía de Disney (1940). Por eso mucha gente reconoce la música sin haber visto nunca el ballet.

El estreno de 1892

El estreno doble de Iolanta y El cascanueces tuvo lugar el 18 de diciembre de 1892 (6 de diciembre según el calendario juliano) en el Teatro Mariinski de San Petersburgo, con Riccardo Drigo como director. Petipa empezó la coreografía en agosto de 1892, pero enfermó y la terminó su ayudante desde hacía siete años, Lev Ivánov, a quien se suele atribuir la coreografía.

Antonietta Dell'Era bailó el Hada de Azúcar, Pável Gerdt fue el Príncipe y Stanislava Belínskaya interpretó a Clara; los papeles infantiles los hicieron alumnos de la Escuela Imperial de Ballet. La crítica se quejó de un libreto desequilibrado e infiel a Hoffmann, del protagonismo de los niños y de que la bailarina principal no apareciera hasta el Gran Pas de Deux, casi a medianoche. Alexandre Benois encontró confusa la escena de la batalla. La música salió mejor parada, aunque tampoco hubo unanimidad.

El argumento

El primer acto transcurre en Núremberg en Nochebuena, en la fiesta de la familia Stahlbaum. El misterioso padrino Drosselmeyer llega con juguetes, entre ellos un cascanueces de madera que Fritz, el hermano de Clara, rompe y Drosselmeyer repara. Pasada la medianoche, el árbol crece, el cascanueces cobra vida y los soldaditos luchan contra los ratones del Rey Ratón de siete cabezas. Clara le lanza su zapatilla y el cascanueces vence. Convertido en príncipe, la guía por un bosque nevado donde bailan los copos de nieve.

El segundo acto ocurre en el Reino de los Dulces, gobernado por el Hada de Azúcar. Danzan el chocolate español, el café árabe, el té chino, el trepak ruso y Mamá Jengibre con sus polichinelas; siguen el Vals de las Flores y el Gran Pas de Deux, y Clara se marcha en un trineo tirado por renos.

La celesta y otros secretos de la partitura

Parte de la magia viene de la celesta, un instrumento de teclado con sonido de campanillas que Chaikovski ya había usado en su balada sinfónica El voivoda (1891) y que brilla en la «Danza del Hada de Azúcar». Otros números célebres son la Marcha, el Trepak, el Vals de los Copos de Nieve y el Vals de las Flores. El Adagio del Gran Pas de Deux se basa en una escala de una sola octava, al parecer por una apuesta con un amigo.

El camino lento fuera de Rusia

Durante años el ballet se representó poco. La producción de Alexander Gorski de 1919 dio las danzas del Hada de Azúcar a una Clara y un Príncipe adultos, como hizo después la de Vasili Vainónen en 1934. En 1927 se vio una versión abreviada en Budapest, y la primera representación completa fuera de Rusia fue en Inglaterra en 1934, a cargo de Nicholas Sergeyev según la coreografía de Petipa.

Estados Unidos lo convierte en tradición

El Ballet de San Francisco ofreció la primera representación completa en Estados Unidos el 24 de diciembre de 1944, con montaje de Willam Christensen. En 1954 llegó la versión decisiva: la de George Balanchine para el New York City Ballet, con Maria Tallchief como Hada de Azúcar, que se convirtió en un clásico anual de Navidad. Hoy las grandes compañías estadounidenses obtienen alrededor del 40 % de sus ingresos anuales por entradas con este ballet.

No todo son aplausos. En 2009 la crítica Sarah Kaufman, del Washington Post, sostuvo que su dominio había vuelto conservador al ballet estadounidense, y otros críticos han cuestionado los estereotipos de las danzas china y árabe. Alastair Macaulay, del New York Times, respondió que Chaikovski nunca pretendió que esa música fuera etnográficamente exacta. Su música, además, se ha versionado en todos los estilos, del jazz de Duke Ellington al rock de la Trans-Siberian Orchestra.

Aprende con «El cascanueces»: expresiones en español

Expresión Significado Ejemplo
ser un hueso duro de roer ser difícil de resolver o convencer Este verbo es un hueso duro de roer.
empezar con mal pie comenzar mal El ballet empezó con mal pie en 1892.
robarse el espectáculo llamar toda la atención El Hada de Azúcar se robó el espectáculo.
ser goloso gustarle mucho los dulces Como soy goloso, me encantaría el Reino de los Dulces.
no fallar nunca estar siempre presente En diciembre, el ballet no falla nunca.

Practica: Describe una tradición navideña de tu familia en tres frases en español usando «ser goloso» y «no fallar nunca».

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